HISTORIA
DE LOS GIGANTES EN PAMPLONA
Según una tradición de dudosa historicidad,
en la procesión de San Fermín de 1276
se bailaron tres gigantes, llamados Peru Suziales,
Mari Suziales, su mujer, y Jusef Lukurari ("Usurero"),
personificación del odio popular a los judíos.

Pero las primeras noticias seguras de gigantes en
San Fermín son de principios del XVII: en 1607
un tal Joanes de Azcona era el encargado de sacar
la comparsa de gigantes, acompañado por un
juglar que se ocupaba de la música. En 1620
el carpintero Joan de Torrobas arregló los
cuatro gigantes de la ciudad por 88 reales.
Era costumbre por entonces sacar al final de las
corridas, al oscurecer, gigantes cargados de cohetes
y buscapiés,
como toros de fuego humanos, y después de dar
unas vueltas por la plaza se les prendía fuego.
Esta costumbre de los gigantes continuó durante
gran parte del siglo XVIII, hasta que en 1780 Carlos
III prohibió que "en ninguna iglesia de
estos reinos haya en adelante danzas y gigantones
y cese del todo esta práctica en procesiones
y demás funciones eclesiásticas"
(real Orden de diez de julio de 1780), con lo que
dejaron de salir los gigantes en las fiest as de Pamplona.
Los de propiedad de la ciudad se perdieron, y los
de la Catedral, que tenía los suyos, se guardaron
y olvidaron hasta que en 1813 un carpintero los descubrió
y los sacó a la calle, reiniciando la tradición.
La cosa tuvo tal éxito que el Ayuntamiento
adquirió a los años gigantes propios,
con zaldikos, kilikis y cabezudos.
Los actuales los hizo Tadeo Amorena, pintor vecino
de Pamplona. En marzo de 1860 presentó al Ayuntamiento
un proyecto, que le fue admitido, para construir unos
gigantes nuevos, mucho más ligeros y sólidos,
que representaran "las cuatro partes del mundo".
Comenta Ignacio Baleztena con su peculiar vena grotesca:
Por lo que veo
desconocía
el buen Tadeo
la Oceanía.
Los cinco cabezudos los fabricó
en 1890 Félix Flores. De los kilikis y zaldikos,
algunos son antiguos (Barbas y Coleta), pero los más
son de este siglo.
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