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-...Ya quisieras tener mi culo de cara.
-Y de espalda ni te cuento.
-Cerdo.
Definitivamente no le hago ni puta gracia a a la bollo que, además, me puede.
Así que, con la cabeza tan ahuecada como el ala, con las neuronas -entre alcoholes evaporadas- en desbandada, el porte erguido, la moral erecta y la otra en paradero desconocido, voy abriéndome paso para pillar cacho, con espacios suficientes como para, al menos, poder seguir dando la brasa. Y para superar el duro trago de sentirme rechazado, ligeramente cabizbundo y meditabajo, me casco otro lingotazo. [ver foto] |
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