Desde entonces no ha habido fiestas sin cartel. Inicialmente, el cartel servía para anunciar el programa de fiestas y se colocaba en los lugares con más tráfico humano como estaciones, bares, mercados y cruces de caminos. Al no existir un sistema de comunicación como la radio, la televisión o Internet el cartel era el medio más efectivo para anunciar los días de fiesta, la feria taurina y los actos más significativos.
Por ello, casi siempre, los carteles más antiguos son muy sobrecargados y barrocos ya que deben incluir mucha información. En la actualidad, prima únicamente la estética y la información que incluyen se refiere a la fecha. Ahora el cartel de Sanfermin es un reclamo que tiene multitud de soportes y que trasciende propiamente el cartel en sí mismo. No obstante, a cambio de perder contenido informativo ha ganado notoriedad y es un claro referente de Sanfermin.
Muchas de esta obras han seguido la vanguardia artística del momento y se han registrado formatos atrevidos y valientes que han creado tendencia en muchas otras ferias, fiestas y artistas.
En los últimos años del siglo XIX los carteles respetan un formato vertical y desde el principio utilizan una rica gama de colores. Los aspectos taurinos son el principal reclamo, junto a los caballos y a la heráldica de Pamplona. En 1886 y 1894 se optó por el formato horizontal y uno de ellos simulaba un billete de tren.
El encierro se incluye por primera vez en un cartel en el año 1895 y sólo en su tramo final, en la plaza. Ese año vemos que el reclamo principal por ejemplo es Sarasate. Y es que el encierro se ve en los carteles que no es muy importante para quienes reflejaban lo que trasciende a la fiesta. Hasta 1904 no se incluye de nuevo un tramo del encierro y hasta 1913 no es protagonista principal del cartel, como ocurre en 1917, 1922, 1927 y 1936.
El blanco y rojo imprescindible en la actualidad tardó mucho en amanecer en los carteles. En 1936 es el primer año que en el cartel hace mención específica a mozos de blanco y rojo. Anteriormente un txistulari municipal (1930) es la primera referencia en blanco inmaculado. Desde los años 50, cuando ya comenzó a popularizarse el traje en la calle, pasó a protagonizar e inspirar también las obras gráficas que anunciaban las fiestas.
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