El recorrido no es muy largo ya que es el que discurre desde el Ayuntamiento hasta San Lorenzo, por la calle San Saturnino y la Calle Mayor. En algo más de 500 metros de largo y seis de ancho entran las 5000 personas que acuden, los gigantes, las rondallas y quien se apunte... La situación es tan apretante como emocionante, como casi todas las cosas de esta fiesta. El día seis a las
4,30 de la tarde la tradición sanferminera llama a todos para acudir al riau-riau. En la actualidad la motivación es diferente a la original ya que hasta 1991 el objetivo de los mozos era ralentizar el camino de la corporación municipal e incluso impedirlo cuando acudían a vísperas, y ante eso, se cabrearon y lo elimaron del programa. El funcionamiento de todas maneras erfácil. La banda "La Pamplonesa" entonaba el Valls de Astráin y el asunto para el resto consiste en bailar, cantar, beber y empujar en mogollón.
La misma música se repite una y otra vez casi de manera obsesiva y el ritmo es muy lento pero aliviado por quienes arrojan agua desde las ventanas cuando el calor aprieta. Si tienes claustrofobia este es uno de los sitios, además del chupinazo y el apartado, que no son aconsejables.
Tras la suspensión de 1991 ha habido varios intentos de recuperar el riau-riau, pero ninguno terminó de cuajar. Sin embargo, en 2002, con once años de "mono" de riau-riau, fue muy apoyada y seguida la convocatoria de varias asociaciones de jubilados de la ciudad.
En 2003 se repitió la historia, y aunque fuera de programa ha recibido apoyo popular suficiente como para llegar hasta el día de hoy. En 2004 se unió de nuevo al riau-riau la banda municipal de música La Pamplonesa con lo que respecto al concepto original vuelve a estar todo el mundo, menos los políticos, por lo que el carácter de protesta que tenían los empujones y las paradas de la marcha ya no tienen sentido y no se producen. Se mantien fiel a la cita la alegría, la fiesta y, a veces, el calor, que como siempre en San Fermín es mitigado con buenas cantidades de alcohol.