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PAMPLONA: DOS MlL AÑOS DE HISTORIA
De la guía Sanfermines, 204 horas de fiesta


La privilegiada situación de Pamplona, emplazada en un cerro sobre el río Arga que le permite dominar la cuenca circundante, hizo de ella lugar de asentamiento humano desde tiempos remotos. Los historiadores creen que el núcleo primitivo pudo ser utilizado como escala por los celtas y está fuera de dudas que en el invierno de los anos 75 a 74 antes de Cristo sirvió de campamento al general romano Pompeyo, al que se considera por ello fundador de "Pompaelo" (Pamplona), a partir del poblado vascón autóctono.

Importante encrucijada de caminos hacia la Galia el Cantábrico y el Ebro. Pompaelo crece hasta convertirse en un auténtico municipio romano, con foro y termas, que alcanza su máximo esplendor en el siglo 11. La ciudad. que ocupaba las proximidades donde después se levantará la Catedral, y cuya importancia ha quedado corroborada en las excavaciones arqueológicas realizadas en la zona, conoció hacia el 275 las primeras incursiones germánicas, a las que en el 409 se sumaron las invasiones de suevos, vándalos y alanos. En las siguientes centurias Pamplona es controlada por los visigodos - consta como sede episcopal desde finales del S. VI - y desde el siglo VIII, por el poder musulmán, que a cambio de tributos, permite a la nobleza local conservar la religión cristiana y gozar de cierta libertad de acción.

Tras su expedición a Zaragoza el ano 778. Carlomagno derriba las murallas pamplonesas antes de sufrir la amarga derrota de Roncesvalles que inspiró la Chanson de Roland. Tres años más tarde. Abd al-Rahman I reocupa la ciudad.

Paralelamente a la ofensiva del norte peninsular contra los musulmanes, va consolidándose a comienzos del siglo X un auténtico reino pirenaico-occidental cuyo centro detentan los clanes locales más significados y que denominado inicialmente de Pamplona adoptaría el nombre de Navarra a mediados del siglo XII.

LOS BURGOS MEDIEVALES
Pamplona arrasada por Abd al-Rahman III en 924 se reducía entonces a una pequeña aldea campesina, denominada también Iruña y más tarde Navarrería, sometida al dominio temporal del obispo hasta que en 1319 fue transferido a la Corona. La política repobladora de los monarcas pamploneses que inicia Sancho Ramírez (1076), dinamizada por el auge espectacular del Camino de Santiago motiva el surgimiento de nuevos núcleos urbanos junto a la ciudad originaria. El primero es el burgo de San Cernin a cuyos pobladores mercaderes y artesanos mayoritariamente francos Alfonso I el Batallador extendió el fuero de Jaca en 1129. Al pujante y amurallado"burgo'' se agrega a mediados del siglo XII la población de San Nicolás, favorecida también con el mismo privilegio que en 1189 se ampliaría finalmente a la Navarrería. La trama urbana se completaba con otros núcleos menores: el pequeño burgo de San Miguel y la aljama judía junto a la Navarrería y la "Pobla Nova del Mercat', de labradores, sobre tierras del mercado del burgo de San Cernin.

Orígenes, intereses y ocupaciones a menudo divergentes alimentaron frecuentes rencillas entre los tres burgos principales. que llegaron a alcanzar tintes sangrientos, como en la destrucción de la Navarrería (1276). Carlos III el Noble puso termino a tales conflictos declarando, por el Privilegio de la Unión (8 de septiembre de 1423), la fusión perpetua de "la ciudad", "el burgo'' y "la población" en un solo municipio. con alcalde, justicia y jurados comunes.

La ciudad calificada a partir de ese momento de 'muy noble', dispondría así en adelante de un emblema definitorio: el blasón con león rampante sobre campo de azur y la corona símbolo del juramento de los reyes en la Catedral.

EXPANSIÓN URBANA
Incorporada Navarra a la Corona de Castilla como reino con instituciones y fueros propios (Cortes de Burgos, 1515). La construcción de la Ciudadela, iniciada en 1571 y el reforzamiento de las murallas exteriores en los siglos XVII y XVIII, confirman el tradicional carácter de Pamplona como plaza fuerte de la frontera pirenaica.

El siglo XVIII es para la capital navarra el de la construcción de varios palacios que embellecen sus ruas, entre ellos la Casa Consistorial (1752); el de la edificación de la fachada neoclásica de la Catedral (1783), y el de la modernización urbana con servicios tales como la red de alcantarillado (1772), la conducción de aguas (1790) y el alumbrado publico (1799).

La ciudad no escapó a los conflictos armados que se sucedieron en el siglo XIX. Así, las tropas francesas que en 1808 habían tomado por sorpresa la Ciudadela (aproximándose mientras jugaban con bolas de nieve), permanecieron en Pamplona hasta 1813. Después vendrían el asedio de las tropas realistas contra la guarnición liberal pamplonesa (1823) y las guerras carlistas (1833, 1872), en las que la capital se alineara con la monarquía isabelina frente a la Navarra rural, partidaria del pretendiente don Carlos.

DERRIBO DE LAS MURALLAS
La desamortización de los bienes eclesiásticos (1836) supone el derribo de algunos conventos de religiosos como el de Carmelitas, sobre el que se levantará el Palacio de la Diputación (1843) y el Teatro Principal (1841) hoy trasladado a la avenida de Carlos III: supone también la transformación del convento de Santo Domingo en Hospital Militar y del de San Francisco en escuela.

Hasta el siglo pasado Pamplona había crecido fundamentalmente en altura, manteniendo la trama medieval. Pero la expansión demográfica obliga al derribo de parte del cordón amurallado para crear el Primer Ensanche ( 1888) y el Segundo (desde 1915). El desarrollo urbano proseguirá con la formación del Tercer Ensanche, la corona de barrios periféricos y la implantación del modélico polígono industrial de Landaben, junto con otras zonas industriales en los alrededores. La calidad de vida de los pamploneses experimenta una progresión paralela a la urbanística. De ella son exponente, entre otros servicios, la renombrada infraestructura hospitalaria y la existencia de dos universidades, la Universidad de Navarra (1960), fundada por el Opus Dei, y la Universidad Publica de Navarra, creada por Ley Foral en 1987.

© Larrión y Pimoulier Editores.