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NORMAS DE CONDUCTA

Pamplona en Sanfermin tiene fama de ciudad sin ley. A primera vista lo es, pero en realidad no tanto, cosa que te conviene saber: contra lo que parece, en Sanfermin el que se pasa, acaba como en todas partes: con una mano de hostias o en la comisaría. Prueba de que la cosa no es tan desmadrada, es que las familias pasean a sus niños por en medio del desenfreno. Los llevan por ejemplo a la salida de las peñas a que vean "cómo se divierten", o a las dianas, a ver a los supervivientes de la noche. Lo que ven los niños no es desde luego muy edificante, pero en el fondo el borracho local es bastante respetuoso: de ahí que prácticamente no haya peleas, ni violaciones, ni agresiones en general.

La raya entre lo bien visto y lo que no está tan bien visto no siempre está clara, y cambia según la hora y el sitio: una misma cosa en cierto lugar y tiempo hace gracia, y la misma en otro entorno te puede meter en una bronca: es cuestión de instinto, y de prudencia: en la duda es mejor moderarse hasta controlar un poco los códigos locales. Hay que aprender.

BIEN VISTO

Una cosa que se puede hacer, por ejemplo, es ponerse pelma. La gente también se pone graciosa, pero a menudo muy pelma. Sanfermin es el momento ideal para entrarle a cualquiera sin ningún reparo y colocarle las chapas que nadie te aguanta en casa: con la excusa de lo gracioso, cuela.

Otra cosa que se puede hacer tranquilamente es guarrear a más y mejor: nadie te hará ascos porque vayas hecho un cerdo y podrás entrar tranquilamente a todas partes: es parte de la gracia sanferminera.

Por eso mismo, también se puede manchar al prójimo: generalmente nadie se mosquea porque el de al lado le manche; pero con esto entramos ya en terreno delicado: depende del cuándo y el cómo: en los grandes mogollones (Txupinazo, Riau-riau), te tiran agua desde los balcones, te ponen de champán y de otras cosas hasta arriba, y no digamos en la corrida. En los bares también es normal que te caiga encima de todo toda la noche, y nadie se mosquea. Ahora bien, por ejemplo, echarle a alguien encima una pinta de cerveza por la puta cara o porque te da mucha risa, es ya más discutible: puedes volver a casa con cara de boxeador.

También se puede empujar al prójimo, aunque sea como una bestia: de eso va gran parte de la fiesta. Pero también en esto hay una línea invisible que no se puede pasar: si vas por los sitios hecho un fiemo tirándote encima de todos y sin mirar por dónde pisas, porque tú eres así de casta y de sanferminero, también puedes acabar con un par de hostias bien merecidas. Por lo demás, Sanfermin es una fiesta muy de voceras: todo lo que sea vozarronear, berrear, montar el numerito, dormir en la calle, rebozarte en mierda etc, está bien visto, con tal que no joda al prójimo a mala hostia y sin gracia. Sobre todo sin gracia. Si tiene gracia, en realidad, vale casi todo

NO TAN BIEN VISTO

Una cosa que no sienta bien, por ejemplo, es pasarte con los currelas: está muy mal visto. En Sanfermin hay cantidad de gente trabajando: los camareros, por ejemplo, que tragan la de Dios; los vigilantes del ayuntamiento, los basureros, los munipas, los pastores, y otros muchos que curran para que nosotros podamos sobrarnos a gusto. Un respeto.

Está muy mal visto todo lo que sea macarrear en general: pegarse, por ejemplo. De hecho hay muy pocas peleas para el mogollón que es. O peor todavía: pasarse con el más débil que tú, como personas mayores y niños.

La libertad sexual de las personas es también un derecho que sigue vigente a rajatabla en Sanfermin, por muy pasado que estés: para tocar un cuerpo ajeno hay que pedir permiso. Te darás cuenta cuando te caigan las primeras hostias.

También está mal visto pasarse con los bichos: por ejemplo pegar a las vaquillas en la plaza. A veces se ven verdaderas manos de hostias por esta razón.

También te costará disgustos estropear la propiedad privada y pública: romper bares o mobiliario urbano, o lo que sea.

Echar mierda a tu alrededor está tolerado dentro de unos límites, en la corrida de sol, por ejemplo, es parte del espectáculo. Pero desde luego no puedes andar volcando basura por la calle, ni echándola dentro de un bar (lo hemos visto hacer), ni meando o cagando donde te dé el apretón. Además es que no hace ninguna falta: está todo lleno de meaderos públicos.

En resumen: Si no jodes a nadie, puedes hacer más o menos lo que quieras, por sobrado que sea.