LA
SALIDA DE LAS PEÑAS
Cuando acaba la corrida, las peñas
saltan al ruedo, se juntan cada una alrededor
de su pancarta y sus bandas de música,
y salen de la plaza tocando y bailando,
llenos de manchas y vapores. La cosa merece
la pena.
Para participar, conviene haber estado
en sol durante la corrida, aunque no es
imprescindible:
hacia
las ocho de la tarde abren las puertas
del callejón (la entrada del encierro)
y se puede entrar en el ruedo libremente
para salir con las peñas. Lo que
pasa es que en frío es un poco
difícil: el estruendo, los apretujones,
los pisotones, la sudorina, con todo el
mundo cubierto de costras de lo más
variado y pegajoso, son difíciles
de soportar si no estás debidamente
"preparado".
Las
peñas salen de la plaza y van juntas
hasta la plaza del Castillo, atravesando
la multitud que les espera afuera (tarea
facilitada por lo que manchan). De ahí
va luego cada una a su sede, haciendo
un recorrido más o menos largo
y con numerosas paradas para abrevar.
Como espectáculo, la cosa también
merece la pena. Si estás sobrio
y limpio, la visión de estas bandas
de borrachuzos
completamente idos,
a su pedo, en otro mundo, bailando como locos
en medio de un estruendo infernal es algo asombroso,
un derroche de energía increíble.