HISTORIA
DEL ENCIERRO
Encierros los ha habido
y los hay en otras partes de la península.
Responden todos a la necesidad de trasladar
las reses desde los corrales de fuera de la
ciudad hasta la plaza. El recorrido ha tenido
variaciones históricas según
la conveniencia y las necesidades del traslado.En
un principio no se corrían los toros en este recorrido,
pero en fecha indeterminada los carniceros, gremio
encargado de conseguir el ganado, (por esa razón
tuvieron reservado para ellos el tramo de Santo
Domingo) empezaron a acompañar a los pastores
en el trabajo de guiar a los toros y cabestros
hasta
la plaza.
Con el tiempo se popularizó el entretenimiento
y se empezó a correr delante de los animales
y no detrás como hasta entonces (como siguen
haciendo los pastores del encierro). En 1852, al construirse una plaza de toros estable
en su actual emplazamiento, el recorrido del encierro
dejó de pasar por la calle Chapitela y quedó fijado
en el actual.
El recorrido además se acortó, ya
que desde 1899 los toros pasaban la noche en los
corrales de Santo Domingo. Por eso la víspera
al anochecer hay que trasladarlos allí desde
el Gas. Es el "encierrillo".
EL PELIGRO EN EL ENCIERRO
En la evolución histórica de
los encierros un rasgo evidente es que son
cada vez más peligrosos: el número
de heridos, muertos y de incidentes graves como los montones,
aumenta.
También, hasta la llegada del doble
vallado, podía entrañar cierto
peligro para los espectadores, pues no era
raro que algún toro se escapase del
vallado.
Hasta
1910 no se tiene constancia de ninguna muerte.
Ese año un joven de Falces resultó
herido en un montón y falleció
varios meses después. Desde entonces
catorce corredores más se han dejado
la vida sobre los adoquines.
Los encierros más luctuosos fueron
el del 10 de julio 1947, cuando "Semillero"
mató a dos personas en el mismo encierro;
y el del 13 de julio de 1980, cuando de nuevo
un toro hizo dos víctimas mortales.
La primera de ellas fue terriblemente dramática,
ya que "Antioquío" ensartó
a su víctima y la arrastró en
las astas desde el ayuntamiento hasta la entrada
de Mercaderes. Ya en el ruedo mató
a su segunda víctima de una cornada en el
vientre.
Parece claro que los accidentes mortales han comenzado
con la transformación del encierro en espectáculo
y rito popular cada vez más masificado.
La misma evolución macabra se está
dando en el número de heridos, que crece
vertiginosamente estos últimos años.
Los contusionados se cuentan por centenares, y los
heridos por asta son cada vez más frecuentes.
Se diría también que las cogidas son
más espectaculares: espectacular fue desde
luego la del estadounidense Stephen Towsend, que
en 1984 luchó desesperadamente por su vida
agarrado a la cornamenta del Osborne que lo empitonaba
y espectacular también la del joven sueco
Torly Urban, en 1991, que cuando estaba encaramado
como podía al vallado, fue corneado por "Entrometido"
en un muslo y estuvo colgando más de diez
segundos del asta mientras el toro se debatía
para liberarse de la incómoda carga, desgarrando
músculos y venas.
En ambos casos sólo la celeridad de la evacuación
les salvó la vida.