Si todavía viviese sería el típico
abuelo de pelo canoso y con una poblada barba blanca, cara de pícaro y de haber vivido un
montón de experiencias de todo tipo; con un montón de arrugas en la cara y un buen
puñado de historias que contar a los nietos. Aunque sobre él hay opiniones para todos
los gustos, debido a su carácter controvertido y nada convencional, nadie puede dudar hoy
día que su paso por Iruñea ha dejado una estela que ha sido seguida por miles y miles de
guiris que, como él cuando vino a los Sanfermines por primera vez, en 1923, se mueren por
participar en la fiesta y llegar a sentir y comprender aquello que Ernest Hemingway
reflejó en su libro "Fiesta" (The Sun Also Rises").
El mismo día 6, después del chupinazo, hemos pasado por el renovado
Café Iruña; he visto su silueta y me he acercado a saludarlo. Nos hemos puesto a hablar
de los viejos tiempos y de su relación con Pamplona:
- ¿Cuándo viniste a Pamplona por primera vez y cómo fue
aquella experiencia?
- Vine hace exactamente 76 años, allá por 1923, cuando era
corresponsal del Toronto Star y escribía artículos taurinos; yo tenía un montón de
ganas de venir a Pamplona y así fue. Me quedó alucinado con todo lo que vi, la gente por
las calles, música por todos los lados, miles de personas corriendo delante de los toros
en una de las tradiciones más impactantes que he podido ver en mi vida, para mí todo eso
fue un descubrimiento; una especie de shock.
- Una primera vez que trajo unas cuantas más, no es así?
- Si, la verdad es que sí, después de esa primera vez seguí viniendo
unos cuantos años más. Desde el primer momento me quedé impresionado con todo lo que
pude ver, tanto el ambiente festivo en general que se respiraba en Pamplona, como los
encierros, las corridas, la gente, las mujeres, la comida...etc. Tuve la oportunidad de
conocer a bastantes personas con las que hice mucha amistad y volvía a juntarme de nuevo
cada año por Sanfermines para disfrutar de las fiestas.
- Supongo que sabrás que se han dicho muchas cosas sobre ti y
sobre lo que hacías en Sanfermines, sobre todo que la juerga te gustaba bastante y que de
vez en cuando montabas unos numeritos majos. ¿Qué era lo que más te gustaba hacer, a
dónde ibas?
- Cuando uno, por una u otra razón, se convierte en un personaje
público tiene que aguantar comentarios de todo tipo, aunque uno no esté de acuerdo; así
es que no me preocupa en absoluto lo que algunos hayan dicho, digan o dirán, y mucho
menos ahora. Cuando vine a Pamplona por primera vez nadie me conocía porque yo era un
joven reportero de un periódico canadiense y resultaba un tanto pintoresco en aquellos
años, en los que los Sanfermines eran mucho más para la gente de Pamplona. Me quedé
bastante impresionado y al año siguiente vine otra vez y corrí por primera vez en el
encierro; fue una experiencia que me dejó marcado. A partir de entonces empecé a venir
más años y me encantaba juntarme con los amigos y tomarnos unos cuantos potes en la
plaza del Castillo -el Café Iruña se convirtió en nuestro cuartel general-, almorzar en
Casa Marceliano después del encierro, las tertulias taurinas en el Hotel Quintana y La
Perla, el Txoko, el Torino...etc. Me gustaba traer a amigos que no conocían los
Sanfermines y enseñarles todas estas cosas, sorprenderles con todo lo que había ido
descubriendo yo en Pamplona y sumergirles en el ritmo festivo.
- ¿Cómo surgió la idea de escribir acerca de los
Sanfermines?
- Yo creo que fue un impulso que tuve después de todo lo que pude
observar en mis visitas a los Sanfermines. Me quedé tan alucinado que sentí la necesidad
de escribir un libro en el que poder contar todo lo que me había visto y describir todo
lo que pasaba en Pamplona del 6 al 14 de julio. La idea era hacer un libro sobre temas
taurinos y por eso vine a Pamplona en 1925 y me dedique a observar todo con lupa,
necesitaba conocer todo ese mundo para poder escribir sobre él. Después de Sanfermines
empecé a escribir el primer esbozo de la novela que saldrá publicada un año más tarde.
- Son miles y miles los guiris que vienen a Sanfermines cada
año y las peñas internacionales constituyen hoy día una parte importante de la fiesta,
¿te das cuenta de todo el jaleo que has armado con ese libro a lo largo de todos estos
años?
- Al principio no, para nada imaginé que este libro pudiese tener la
repercusión que luego se ha visto. Parece ser que a la gente le ha llegado bastante y
muchos de ellos han querido comprobar si lo que yo contaba era cierto o no. Supongo que
algunas de las cosas que cuento en el libro pueden parecer un poco raras. El caso es que
con el libro y lo del premio Nobel cada vez más gente iba conociéndome y mis libros
también se empezaron a leer más. Si en 1923 el número de extranjeros en los Sanfermines
era bastante reducido, pocos años más tarde la afluencia de guiris empezó a aumentar y
nos dimos cuenta de que la fama de los Sanfermines había trascendido fronteras. La verdad
es que actualmente, por lo que oigo por ahí, es impresionante el montón de extranjeros
que van a Pamplona, supongo que a algunas personas no les gustará nada y se acordarán de
algún pariente mío y que a otras les parecerá mejor. Yo me lo he pasado muy bien en
Sanfermines y espero que la gente pueda pasárselo igual.
- ¿Has oído hablar por casualidad de una empresa de Pamplona,
reducto de impresentables juerguistas, que organizan los 9 de julio lo que ellos llaman el
Guiri Day, o sea, un homenaje a los extranjeros como tú en el que se les invita a pintxo
y pote gratis en dos bares de Pamplona? ¿Qué te parece?
- Suena muy bien. Tendrían que andar con cuidado porque podrían encontrarse con
alguna sorpresa. Hace ya unos cuantos años que no pruebo trago y me dan ganas de pasarme
por allí y aprovechar para charlar con los colegas y correrme una buena juerga como las
de entonces...etc. Echo mucho de menos los potes que nos tomábamos en Casa Marceliano y
los bares de la plaza del Castillo!!!