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Están de insultante divino tesoro buen ver; y contagian, porque te vaporizan con ella, la magia de su música; y hacen seguir a tus pasos por derroteros que no hubieran imaginado los torpes de ellos; y te apartan un poco de esos traidores tragos tempraneros; y de los gorrones de pinchos, antiguos peseteros, a los que, al parecer, ahora les dicen eureros; y te recuerdan, una vez más, que, sin falta, te tienes que volver a apuntar en setiembre a clases de claqué.
Para relajarse, mejor que el yoga o el pilates, perderse fanfarreando de lo lindo por ahí. [ver foto] |
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