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Estuve en un tris de soltarle lo de: la felicidad no la frecuento, aún no he caído tan bajo que diría el Baudelaire, y la infelicidad hace tiempo que dejó de interesarme; la mamonada del limbo debe ser esto, y yo un completo mamón, y desde luego bastante mamau ya voy. Hay días sanfermineros que uno acaba sacando el más borde y recóndito de los plumeros. Sin embargo un enésimo sentido con pañuelico puso en mis labios lo de: gatita, gatilla, gatucha, mi mono, mi monillo, mi lobo, mi serpiente, mi pequeño asno melancólico. Y mano de santo.
Hemos huido de esta city de mi querer, repleta de levantadores -y no me refiero a los de piedras precisamente-, hasta donde la mar más bravía. Y estoy familiarizándome con la derretidora gabacha y su lengua más vivilla. Sólo por un día, no se me acuse de desertor. [ver foto] |
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