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Los niños aseaditos y modositos, cuando se hacen los mafiosos, se dan besitos antes de pegarse mordisquitos y apoderarse de las calles, después de que queden limpias de toda la mugre que han –hemos- dejado los marranos de las noches de gira la noria y no para de girar.
Se les suele ocurrir alguna que otra maldad, y el no dejar de joder con la pelota, el kiliki de turno, o el pedir por esa boquita tan suya. A sobrellevar como se pueda el tempero. Tienen, al contrario que quienes alucinados les contemplamos, todo el perdón de Dios. [ver foto] |
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