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El encierro es un fenómeno de masas que atrae a aficionados procedentes de diversas partes del mundo. A pesar de que se celebre en Pamplona, los corredores llegan desde los rincones más alejados, atraídos por un espectáculo único que, especialmente en los últimos 20 años, se ha convertido en una auténtica torre de babel.
Este mosaico de nacionalidades a lo largo del recorrido es, en cualquier caso, relativamente reciente. No hace demasiado tiempo los corredores de Pamplona y el resto de Navarra eran abrumadora mayoría; hoy no es descabellado pensar que a duras penas supongan la mitad de los que participan. Como asegura el periodista Javier Solano, “el encierro de Pamplona” es, cada vez más, “el encierro en Pamplona”.
Basta con comprobar las fotografías de los encierros de los primeros 80 para darse cuenta de que, a pesar de que por entonces el encierro ya era un fenómeno masificado, no alcanzaba, ni mucho menos, las cotas de estos últimos años. Resulta imposible conocer los datos exactos de participación por procedencia en cada encierro porque para eso se necesitaría identificar a cada corredor. Sin embargo, si acudimos a los listados de heridos –reflejo a menor escala de lo que puede suponer la participación- vemos como, efectivamente, se ha producido un importante cambio en la composición del grupo de corredores que cada mañana se pone delante de los toros.
En los primeros 80, una fecha en la que ya las fiestas eran conocidas y reconocidas por todo el mundo, el porcentaje de navarros que pasaban cada Sanfermin por el hospital por causa del encierro no bajaba del 80% del total, llegando en ocasiones a más del 90. En 2006, sin embargo, ese porcentaje no superó el 45%, después de un descenso continuado a lo largo de las dos últimas décadas. Si comparamos fotografías de aquella época con las actuales, vemos reafirmada esta tesis, ya que la mayor parte de las personas que pueden verse en las imágenes son de Pamplona, algo que no sucede con las de la actualidad.
Si nos fijamos en el porcentaje de extranjeros atendidos en centros hospitalarios observamos que a principios de los 80 no superaban el 10%, mientras que ahora cada año suponen más de una quinta parte de los corredores que pasan por el hospital. Los norteamericanos, como era de esperar, son los que en mayor número aparecen en las estadísticas. Los corredores procedentes de diferentes puntos de España también han experimentado un importante incremento y ya suponen un porcentaje de entre el 30 y el 40%.
En definitiva, en 25 años el encierro ha pasado de ser un espectáculo en el que participaban, mayoritariamente, corredores de Pamplona a un acto en el que más de la mitad de los participantes son foráneos. Esto ha provocado, igualmente, un cambio en las formas de correr, los comportamientos de los corredores y sus maneras de enfrentarse al toro. Como siempre, para unos esto ha supuesto una pérdida de las verdaderas esencias del encierro, mientras que otros sostienen que se trata, simplemente, de la evolución lógica de un acto llamado inevitablemente a enriquecerse con otras formas de entender la carrera.
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