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Es sabido y reconocido que Ernest Hemingway (Oak Park –Illinois, 1899-Ketchum –Idaho, 1961) es el principal responsable de que las fiestas de Sanfermin y su encierro hayan llegado a tan altas cotas de popularidad internacional, especialmente en Estados Unidos. De hecho, hasta que el escritor norteamericano no conoció, vivió y difundió las fiestas en varios de sus escritos, Sanfermin era un acto festivo casi íntimo, con contadas y esporádicas visitas de gentes llegadas de otros puntos del planeta, generalmente excéntricos aventureros en busca de un espectáculo, el encierro, del que vagamente habían oído hablar alguna vez. Hemingway se encargó de transmitir la buena nueva al gran público. Su primera contribución, en 1926, llegaría con “The sun also rises” (editada en España como “Fiesta”).
En “The sun also rises” (1926) Hemingway esboza durante varias páginas algunos detalles que al escritor le debieron impresionar durante sus primeras visitas a Pamplona, entre 1923 y 1927. A través de sus personajes, el escritor de Illinois da algunas pinceladas de lo que debió ver y conocer acerca del encierro, por ejemplo, la mortal cornada sufrida por un corredor. El protagonista y narrador de la historia, Jake, es quien informa a un camarero pamplonés de la muerte de uno de los participantes en el encierro a causa de una cornada en la espalda, lo que provoca la reacción del camarero, conmocionado por la noticia: “Mortalmente cogido, todo por deporte, todo por placer”, advierte.
Esta muerte ficticia que recoge la novela pudo estar inspirada en la muerte real del sangüesino Esteban Domeño, fallecido en 1924 tras ser cogido a la entrada de la plaza por un astado del Conde de Santa Coloma. Hemingway había estado ese mismo año en Sanfermin por segunda vez, por lo que tuvo que conocer necesariamente el hecho. Es posible que lo trasladara a la novela, publicada sólo dos años después del trágico suceso.
El acontecimiento se narra con datos ficticios –nombre, edad o procedencia inventados-, pero la inspiración de Hemingway provenía de lo que había vivido dos años antes. El personaje de Jake lo relata así: “Más tarde supimos que el hombre muerto por el toro se llamaba Vicente Girones y que venía de cerca de Tafalla. Al día siguiente en el periódico leímos que tenía 28 años y que tenía una granja, una esposa y dos hijos. Después de casarse había seguido viniendo a las fiestas cada año”.
La novela también se detiene en detalles sobre el funeral y el traslado del cadáver al día siguiente: “Su mujer vino desde Tafalla para velar el cadáver, y al día siguiente hubo un funeral en la capilla de San Fermín. El féretro fue llevado a la estación por miembros de la peña de Tafalla. Los tambores iban delante y también había música de chistus; detrás eran los hombres quienes llevaban el ataúd acompañados de la mujer y los dos hijos. Detrás de ellos marchaban todos los miembros de las peñas de Pamplona, Estella, Tafalla y Sangüesa, que pudieron estar presentes en el funeral”.
Igualmente se ofrecen algunos datos sobre el toro responsable de la fatal cornada: “Se llamaba Bocanegra, era el número 118 de la ganadería de Sánchez Tabernero, y fue matado por Pedro Romero. Fue el tercero de la tarde en la corrida. Su oreja fue cortada por aclamación popular y concedida a Pedro Romero, quien, a su vez, se la regaló a Brett”.
Algo más adelante, y refiriéndose al mismo encierro, uno de sus amigos cuenta a Jake cómo vio que se formaba un montón antes de entrar en la plaza, cómo alrededor de 20 corredores resultaron heridos y cómo la policía trataba de detener a algunos corredores para que no marcharan hacia un suicidio seguro.
El encierro no vuelve a estar presente en el resto del libro, aunque sí otros aspectos de la fiesta, como la juerga nocturna, el alcohol o las corridas de toros. Hemingway, que se suicidó en 1961, siete años después de obtener el Premio Nobel de Literatura, volvería a Pamplona en varias ocasiones más tras la publicación de “Fiesta”, pero ya no situaría ninguna de sus novelas en las fiestas de Sanfermin.
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