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Mikel Urmeneta y Marta Coronado, de Kukuxumusu, ganadores del cartel Sanfermin 2004
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Pobre de mí sin velas, sin ganas, sin nadas |
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Ritos iniciáticos en el “Pobre de mí”. No intenten hacerlo en sus casas, podrían hacerse daño
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El “Pobre de mí” es la celebración del final de la fiesta. Para disimular alguien se inventó lo del “ya falta menos”, pero para celebrar que ya falta menos es mucho mejor el 3 de julio, que sólo faltan tres días, o, en su defecto, el 23 de noviembre martes, que faltan 245. Pero en fin. La propuesta de hoy –respetando a quien no le parezca bien- es un “Pobre de mí” sin ganas, sin velas y sin nadas. Un “Pobre de mí” disfrazado de alternativas serias y edificantes para esta misma noche a las doce. Las posibilidades son numerosas, basta con hacerse el despistado con cierta antelación, hacia las once y cuarto o antes. Se puede llevar a cabo en casa (si eres de Pamplona, bien; si eres de más lejos, mejor todavía), bebiendo un vaso de anís con leche, depilándote las cejas o llevando al perro a navegar a la bañera; también puedes hacerlo en el coche, aunque es menos cómodo, viajando a Murcia, poniendo la radio baja o admirando el volante; otra opción es hacer el amor con tu pareja o fregar las alfombrillas, en función de los gustos. También puedes soplar a las sábanas, leer señales de tráfico o adivinar el nombre de tus vecinos. Si estás en la calle (en las calles de Pamplona, se entiende), lo tienes más difícil, pero también hay cosas por hacer: morderte los pies, preguntar a la gente por sorpresa, merendar rápido, atarte los cordones sin manos, corregir el paso, pensar en Tomás Moro o hacerte el ebrio cuando no te vean.
Sanfermin tiene estas cosas. Nunca se acaba del todo bien
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