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Correr el encierro es una actividad de riesgo que está limitada a mayores de 18 años. Sin embargo, el influjo que ejerce sobre los más jóvenes hace que no siempre se cumpla de forma estricta la normativa. De hecho, y aunque en menor número que hace dos o tres décadas, no es raro ver a menores de edad corriendo delante de los astados.
El “Reglamento de Espectáculos Taurinos de Navarra” establece en su artículo 91 que “en los espectáculos populares tradicionales no se permitirá en ningún caso la participación de menores de 16 años, que únicamente podrán acudir como espectadores”. Asimismo, añade que “la empresa podrá elevar la edad mínima de participación hasta 18 años”. Esto es lo que sucede en el encierro de Pamplona, donde el Ayuntamiento, al contrario que en otras localidades vecinas, aumenta el límite de edad hasta los 18.
La ley, como suele suceder en estos casos, no siempre se lleva a rajatabla. Entre otras cosas porque no sería fácil identificar a todos los jóvenes que pueblan el recorrido a las ocho menos cuarto de la mañana con cara y cuerpo de no haber cumplido todavía 18 años. El filtro policial se centra más en borrachos o “patas”, y pasa de puntillas por la edad, que, en cualquier caso, tampoco es un tema que cause especial alarma en Pamplona, donde, en muchos casos, son los propios padres los que acompañan a los hijos en sus primeras carreras.
Desde 1980 al menos 18 corredores de menos de 18 años han resultado heridos en el encierro, si bien es cierto que este límite de edad marcado por la ordenanza municipal del encierro es relativamente nuevo, con lo que no en todos los casos estos jóvenes estaban infringiendo la normativa. De ellos, 14 eran de Pamplona y alrededores, lo que resulta lógico, dado que no es frecuente que jóvenes de esas edades visiten la ciudad desde otras ciudades o países, al menos sin la compañía de sus padres.
Las heridas producidas a estos jóvenes fueron, en general, leves, pero en dos casos fueron motivadas por cornadas. En 1980 un gallego de 16 años fue gravemente cogido en el callejón, mientras que diez años después, en el mismo lugar, un madrileño de 17 sufriría una cornada de menor gravedad por la que ni siquiera tuvo que ser ingresado. Los casos más sorprendentes son los de dos jóvenes (un pamplonés y un británico) que, en 1982 y 2003, respectivamente, pasaron por el hospital con sendas heridas leves. Tenían 14 años.
Encierros “txikis”
El entusiasmo de los más jóvenes por el encierro es, no obstante, menos fuerte que en otras épocas. Ahora, en general, se comienza a correr con más edad, debido, quizá, a que las ofertas de diversión son más amplias y las aficiones de muchos jóvenes siguen caminos diferentes, no necesariamente ligados al toro. Distinto era el panorama a finales de los 70 y principios de los 80, cuando se llegaron a organizar encierros con becerros para menores de 16 años para dar satisfacción a la demanda existente.
Los denominados encierros “txikis” se mantuvieron entre 1979 y 1987, tenían lugar al término del encierro grande, hacia las ocho y media, y se celebraban entre la calle Estafeta (a la altura de la bajada de Javier seis becerros salían de un camión) y la entrada a la plaza de toros. La siniestralidad del espectáculo (cada día resultaban heridos por caídas y golpes niños de no más de 12 ó 13 años) y la polémica suscitada hicieron que en 1987 dejara de organizarse definitivamente. Hoy lo más parecido es el toro de fuego nocturno.
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