Esta morning fue mortal
al llegar a mi jom
después de perrear
con la peña y el porrón.
El espejo de la entrada
reflejaba un Satanás
aunque parecía mi cara
lavada con aguarrás.
El morao de las ojeras
sextendía por mi rostro
cual plaga de ovejas
por el campo de los lorzos.
Mis gritos san oído
en pleno quinto pino.
parecía una mezcla de la masa,
de fantasma de la ópera,
y frankestein de guasa.
Y por eso, quiero
quiero gafas de sol, de vidrio
de lata o de chatarra
de los años cincuenta
de la tía de mi abuela
de última generación
de versace, gucci o de dior
o de un gicho de sebastopol.
Gafas grandes o enanas
redondas, cuadradas,
gigantes y hasta enjutas,
de las que cuestan fortunas
de los chinos,
del mercadillo,
de las bravas, de los chetos
de las revistas o panfletos
canuncian el verano
y tablan de estar guapos.
En fin, gafas, que cubran mis ojos
que moculten el rostro,
el sueño y la mala vida
que arrastro dace días.
Gafas, oh!, gafas
cómplices de éstas noches
de sanfermineras parrandas,
compañía pa mis potes
y pa mi talante de sonámbula.
Con vosotras ya no siento
que mi cara es un esperpento,
y correteo por la estafeta
siempre con muy buena jeta.
Por eso, benditas gafas que cuidáis de mi
durante las fiestas de sanfermin.
Larga vida!