En el principio,
Cuando se cree no queda nada por ver
y no gusta ver
lo que hay que ver,
es cuando más gusta ir a ver
lo que aún está por ver.
Y sin darte casi cuenta, como un fantasma algo beodo y travieso a más no poder, te dejas caer por los Sanfermines y constatas lo de:
No puedo ver lo que creo...
No puedo creer lo que veo...
De mis narices no veo
más allá por lo que veo...
Ya ni veo ni me veo.
Para esto del veo-veo,
al ocultista...,otra no veo.
Luego es ya verlo todo bajo el velo del oscurantismo con pañuelico.
Y cuando ya no puedes con tu alma, y como quien cose con aguja descerebrada cuesta abajo y sin frenos, pegarle someramente al rechinar de dientes:
Nunca logro ver
lo que todo el mundo ve,
salvo, claro, lo que se hace
como que no se ve.
Y antes de retirarte al Rincon de la Aduana a echar una cabezada, a manera de mantra, que ya sabes que la jaculatoria se atraganta, decirte sin pizca de remordimiento:
Aunque se vea venir
se nos viene encima
porque nos gusta ver
lo que nos viene en gana.
Ya sé que hay ruido, ¿y donde no?, cada cual tiene sus querencias en función de sus carencias. Cuando a uno se le cierran las persianas alarmantemente, se duerme de tres pares, aunque no haya ni rastro de brotes verdes. Ya te digo desde ahora que no.