Después de una primera parte de las fiestas en las que el comentario generalizado era que se apreciaba una menor cantidad de visitantes, el fin de semana nos ha devuelto a la realidad y la ciudad ya se encuentra hasta los topes, como habitualmente pasa cuando llega el sábado y el domingo.
Desde primera hora de la tarde del viernes las estaciones de Autobuses y Tren eran un hervidero de gente llegando, y por la noche ya se pudo apreciar un gran ambiente en las principales calles de la ciudad, como Jarauta, Estafeta o San Nicolás, donde se concentran la mayor cantidad de bares.
Esta mañana, a la hora del encierro, la plaza del Castillo estaba llena de gente y todavía se apreciaban los restos de la juerga de la noche, aunque los serivicios de limpieza se afanaban en recoger plásticos, bolsas y botellas. El propio encierro ha tenido una afluencia importante, a pesar de los fatídicos acontecimientos de ayer, y mañana, con los míticos Miura se espera algo similar o incluso superior.
Esta noche las calles del casco viejo volverán a estar llenas, habrá problemas para conseguir acceder a la barra a pedir y la Vuelta del Castillo volverá a convertirse en un improvisado dormitorio para los que optan por dormir al aire libre. A partir de mañana muchos dirán adiós a las fiestas, mientras que otros encontrarán el mejor momento para disfrutar con más tranquilidad.