Si te toca vértelas con alguno de esos seres de lo más vivos y coleando, esas fierecillas domesticadas a su manera -y a veces de qué manera-, a patear la calle toca. Cuando uno menos se lo espera salta la libre, y hay que estar a ello.
Todo menos acceder a todos sus caprichos, que no hay carterista pillado por los forales que supere en técnica a la desplegada por los kilikeros vocacionales.
Dentro de tus limitadas posibilidades, prolonga al máximo el mostico y el pintxo, hasta que, cual escurridizos pezqueñines, empiecen a meterse de cabeza en todas las salsas, que las hay de muy dudoso respiro.
Luego despliega toda tu fantasía, al lado de la suya siempre será una kaka de cabestro.
Cuéntales que en el parque del Runa, en la Rocha, ni todo el Arga del mundo sirve para aplacar la cosa que está que arde. Que la paranoria se ha apoderado de las barracas enteras, y el hombre del saco, o el sacamantecas, o quien creas que les da más repelús, campa a sus anchas.
Si consigues reducir un poco la sangría de tus euros, eso que no te gastas. Ya queda clara tu generosidad quedándote sin ni pizca de paciencia.
de Joxepe Gil – www.pamplona07.com