La imagen que ahora conocemos de un edil lanzando el txupinazo desde el Ayuntamiento y abriendo las fiestas está institucionalizada desde 1941. El mecanismo era sencillo porque el que disparaba el cohete era el presidente de la comisión de festejos, por eso, al observar quienes han tenido este honor, vemos muchas repeticiones de nombres. Si alguno tenía afán de protagonismo le venía de perlas esta costumbre que se perpetuó prácticamente sin variaciones hasta 1979. Y es que llegaba la época de la televisión en directo y tirar el chupi-nazo pasaba a ser una cosa demasiado importante como para que se quedara este pastel un concejal de festejos. Aunque en realidad, la cosa no fue tan nega-tiva ya que Juan Manuel Pérez Balda (1980) cedió el honor de abrir las fiestas a otro edil, Benicio Aguerrea, porque ya había lanzado un txupinazo y consideraba sufici-ente la experiencia.
A partir de aquí surgió la iniciativa de que rotara entre los concejales y en 1981 le correspondió a Elisa Chacartegui, que se convirtió por ello en la primera mujer que inauguraba unos sanfermines en este formato. Desde entonces el grupo políico mayoritario lanza el chupinazo y luego en orden decreciente va rotando el turno. Cada grupo decide entre sí el nombre de quien vaya a lanzar.
Sin embargo, en el año 2000 esta costumbre cambió por iniciativa de la alcaldía y los dos siguientes los cohetes fueron lanzados por César Palacios, capitán del club de fútbol de Pamplona -Osasuna-, y Fermín Tajadura, presidente del Portland-San Antonio que se coronó en 2001 campeón de la Copa de Europa de balonmano. En 2002 la alcaldesa de Pamplona volvió a incorporar el turno entre los grupos municipales pero dejándolo no donde se había quedado en 2000 sino comenzando por el grupo mayoritario de la oposición política.
Hasta ahora sólo 45 personas han disparado el chupinazo y la fórmula habitual es dirigirse a los pamploneses en castellano y euskera y vitorear al santo, aunque también en los últimos años ha habido pequeñas variaciones a la costumbre de iniciar las fiestas de Sanfermin que han permitido muchos comentarios pero que a los diez segundos de prender la mecha del txupinazo, la fiesta engulle.