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© Larrión y Pimoulier

  • © Jorge Nagore

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  • © Larrión y Pimoulier

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Historia

El acto ha sido siempre contestatario y desde el principio ha tenido un carácter de enfrentamiento con el Ayuntamiento. Sin embargo contestatario no quiere decir progresista: en concreto fue un carlista acérrimo, Ignacio Baleztena quien organizó e inauguró en 1914 la costumbre de entorpecer la marcha a vísperas, para tocar las narices a un ayuntamiento no carlista.La cosa cuajó y se hizo ya sistemáticamente fuera cual fuera el signo político del Ayuntamiento.Hasta tal punto que el Riau-riau tuvo varias prohibiciones: en 1927 el alcalde Demetrio Martínez de Azagra intentó acabar con él por ser una "manifestación de incultura" y un "acto inconveniente". Fue en vano. Años más tarde se repitió la prohibición, con el mismo poco resultado.

Entre 1932 y 1936, con la laicización traída por la república, el Ayuntamiento ya no acudía a vísperas y por tanto no había riau-riau.

Desde 1965, la duración del acto se disparó. De hecho toda la gracia del juego consistía enhacerlo cada vez más largo para poner a prueba la paciencia de la Corporación. En 1972 se suspendió por primera vez, ya que a los 45 minutos los ediles solo habían avanzado unos metros. En 1980 la corporación tardó 5 horas y 25 minutos en recorrer un trayecto que puede cubrirse descansadamente en cinco minutos. Desde entonces se suspendió prácticamente todos los años y definitivamente en 1990.