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San Fermin

  • © Jim Hollander

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  • © Silvia Ollo

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El Santo

¿Quién fue el tal Fermín?

¿Qué méritos hizo para llegar a patrón de esta bacanal?

Era hijo del jefazo romano de Pamplona. Un cura francés que estaba de visita por aquí, San Saturnino, le convirtió al cristianismo, así que se fue a Toulouse (Francia) a hacer un máster de obispo y volvió para liberar al pueblo trabajador de sus supersticiones. Luego se fue otra vez a Francia, llevó al buen camino a miles de paganos y se quedó en Amiens.

Alguna bronca debió de tener con las autoridades, porque acabó torturado y degollado. Su cuerpo está en Amiens, aunque tiene muchos trozos repartidos por ahí como reliquias (en Pamplona hay tres).

La verdad es que con este curriculum es una ironía que le den tu nombre a una bacanal famosa en todo el mundo. Así es la vida. De todos modos no todo en estas fiestas es juerga. Al Santo le hacemos una procesión muy bonita el día de su onomástica y él, en agradecimiento, nos hace de doblador en los encierros: es lo que llamamos el famoso "capotico de San Fermín".

HISTORIA DE SAN FERMÍN: EL CULTO AL SANTO


José Luis Molins
De la guía Sanfermines, 204 horas de fiesta

Es la tradición que el presbítero Honesto llegó a la Pamplona romana enviado por San Saturnino para evangelizarla, y que el senador Firmo se convirtió al cristianismo con toda su familia. Fermín, su hijo, fue educado por Honesto y cuando tuvo diecisiete años comenzó a predicar por los alrededores. Más tarde, a los veinticuatro, fue consagrado obispo por Honorato, prelado de Toulouse.

A los treinta y uno, Fermín marchó a predicar el Evangelio a las Galias: en un primer momento, en Aquitania, Auvernia y Anjou; más tarde, en Amiens, lugar donde consiguió muchas conversiones y donde, finalmente, sufrió cárcel y, con posterioridad, martirio por decapitación, precisamente un veinticinco de septiembre.

Su cuerpo, sepultado en secreto por algunos cristianos, aparecería portentosamente siglos después, el trece de enero del ano 615, en el episcopado de San Salvio, y sería trasladado a la cercana ciudad: unos magníficos relieves góticos del siglo XV, labrados en el trasaltar de aquella catedral que conserva los restos del Santo, narran esta historia.

© Larrión y Pimoulier Editores