Cuando acaba el Pobre de Mí, muchas personas acuden hasta la iglesia de San Lorenzo (donde descansa el santo surante el año) y dejan el pañuelo y la vela en la verja. Es un gesto de acompañamiento a San Fermín.
En los primeros años, como con el riau-riau, no estaba muy claro si era una gamberrada o un rito, y el párroco de San Lorenzo (Jesús Labari) salía el día siguiente en el periódico quejándose de lo mucho que le costaba limpiar el suelo de cera el día 15. Hoy la cosa es imparable y cientos de pañuelos y velas dan un color muy especial a la puerta de San Lorenzo. Por ello, actulamente, una brigada del servicio de limpieza acude al día siguiente con los instrumentos apropiados para retirar la cera y los pañuelos.
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