En un viaje a Australia, después de ver las maravillosas camisetas de canguros y koalas que se vendían por allá, Txomin Domínguez de Bidaurreta (cajero de ventanilla bancaria) le comentó a su compañero de viaje Mikel Urmeneta (sus labores y dibujante) la posibilidad de revolucionar el souvenir sanferminero, por aquel entonces bastante cutre y casposo.
Ya en Pamplona, propusieron el negocio a todos sus amigos. Sólo Koldo Aiestaran (estudiante de diseño industrial) se apuntó al lío. En una tarde de risas los tres le pusieron nombre a la marca contraviniendo todas las pautas que habitualmente se exigen en este tipo de elecciones: Kukuxumusu (beso de pulga en euskera y trabalenguas mundial).
Como lo que querían era impactar, sacaron al mercado una camiseta llena de "sangre" con un agujero de cornada en un lateral. Ellos mismos la vendieron por la calle a grito pelao. Fue todo un éxito (lo malo es que habían hecho demasiadas... pero se fueron vendiendo durante otros años).