Después de tres años sin acudir a la fiesta, esta vez lo hacía como premio Nobel por primera ocasión. La experiencia fue muy diferente a ese julio de 1923 en el que por primera vez Hemingway abordaba Pamplona. Ambas experiencias fueron gratificantes pero muy diferentes entre ellas, como él mismo manifestó.
Fernando Hualde califica en su obra "Hemingway, cien años y una huella" que ese año Hemingway fue el rey de la fiesta ya que todo el mundo quería estar con él, todos querían sus autógrafos y todos querían sus fotografías.
Vino a Pamplona acompañado de todo un séquito de amigos, entre los que destacaba el matador de toros Antonio Ordóñez, el doctor Vernon Lord, el escritor y guionista de televisión Aarón Hotchner, la jóven periodista Valerie Danby-Smith, o el fotógrafo Julio Oubiña, que en esos días le hizo a Hemingway un amplio reportaje fotográfico a orillas del pantano de Yesa para que ilustrase un amplio artículo que le dedicaron en la prestigiosa revista Life.
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