Su principal peligro es la formación de montones. El ancho se reduce a tres metros y allí tiene que pasar todo el flujo de participantes y la manada. A los toros no les suele costar mucho abrise camino pero a los corredores, especialmente al cambiar el desnivel del suelo en el propio callejón, les cuesta mantener el equilibrio y la velocidad. Es posible escapar a través de varios huecos que quedan a la altura del suelo en el mismo callejón y que permiten que un corredor que está en el suelo pueda deslizarse. Es más relevante que en otros tramos el no levantarse, más que por los toros, por el resto de participantes. Además, se da la circunstancia que es aconsejable no entrar en la plaza detrás de la manada, ya que es frecuente que el toro se de la vuelta y se queden corredores entre el toro y la puerta, que se cierra tras el paso de último toro para aumentar la seguridad.