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  • Portentoso cae en Estafeta. 9 de julio de 2002. Tardó 12 minutos en completar el encierro.

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  • Carlos Roa recoge el instante donde Daniel Jimeno recibe la cornada que acabaría con su vida

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Los toros más peligrosos

"Antioquio", "Ermitaño", "Capuchino", "Castellano", "Semillero", "Doloroso II" o "Liebrero" son algunos de los astados más famosos de la historia del encierro

La historia del encierro es la historia de sus corredores, pero también de los miles de toros que a lo largo de los años compartieron protagonismo con hombres y mujeres que se jugaron la vida delante de sus cuernos. De entre todos, algunos más que otros merecieron pasar a la posteridad, bien porque sembraron de muerte el recorrido, bien porque su comportamiento desató más pánico del habitual. Quizá, el más famoso es "Antioquío". Perteneciente a la ganadería de Guardiola Fantoni, abandonó el anonimato el 13 de julio de 1980, después de cornear de muerte a dos corredores. Al primero, José Antonio Sánchez, cuando subía por Santo Domingo y estaba a punto de llegar a la plaza del Ayuntamiento; al segundo, Vicente Risco, en la plaza, tras una fatal sucesión de cornadas.

No era ésta, sin embargo, la primera vez que un morlaco mataba a dos corredores en el encierro. El 10 de julio de 1947, un toro de Antonio Urquijo, de nombre "Semillero", había protagonizado una escena similar. El primero en ser alcanzado fue Casimiro Heredia, corneado en Estafeta. "Semillero" prosiguió su recorrido y metros después, a la entrada de la plaza de toros, acabó con la vida de Joaquín Zabalza.

Si nos referimos a otros nombres unidos a la tragedia debemos recordar a "Capuchino". El nombre de este animal de la ganadería Jandilla pasará a la historia por acabar en Telefónica con la vida de Daniel Jimeno Romero, de 27 años y natural de Alcalá de Henares. Era el 10 de julio de 2009. La imagen de ese instante fue publicada en Sanfermin.com gracias a la pericia de Pablo Roa.

Ese mismo año otro astado dejó su firma por todo el recorrido. Era un Miura, se llamaba "Ermitaño" y con 575 kilos embistió desde la salida todo lo que vio. En la curva de Mercaderes acabó en el suelo y a punto estuvo de empitonar al corredor de Miami Rick Música ataviado con la americana que se pone cada vez que corren los Miura. En Telefónica lanzó varios derrotes contra el vallado tirando al fotógrafo de Sanfermin.com Victoriano Izquierdo y asustando a Javier Ibáñez. Sin embargo, la hazaña más recordada como toro bravo de Ermitaño será la escalofriante paliza que le metió a Pello Torreblanca Lafraya, de 44 años nacido en Pamplona. Milagrosamente salvó la vida ya que el toro lo tuvo a merced contra la pared del callejón durante medio minuto en una angustiosa secuencia.

La historia reciente de Sanfermin nos lleva a recordar a "Universal". Este burel fue responsable de 6 de las 7 cogidas que dejó la ganadería del Marqués de Domecq el 12 de julio de 2007. En Santo Domingo, "Universal" empitonó al polaco Thomas Golabek. Unos metros más adelante, entrando en la plaza del Ayuntamiento, propinó una cornada severa a José Amador Jiménez, de Pamplona. Allí también el animal cogió a dos hermanos, los americanos Lawrence y Michael Lenahan, de 23 y 26 años de edad respectivamente. La cogida más espectacular y grave fue al comienzo de Estafeta donde el mexicano Rafael Estrada recibió una cornada en el vientre y otra en el estómago. "Universal" lo lanzó desde un portal a la calle provocando una situación muy peligrosa. Finalmente, en Telefónica, este enfurecido animal arremetió contra el vallado y cogió por la rodilla al noruego Cristofer Neiff.

No es la única vez que un toro cornea a seis personas. En 1988, "Doloroso II", de Cebada Gago, corneó también a media docena de personas. Con 510 kilos de peso, Doloroso II se llevó por delante en Santo Domingo a los pamploneses Arturo Bueno, de 42 años, y Jesús Irigoyen, de 32 años. "Doloroso II" primero empitonó, al final de la cuesta, a Arturo Bueno. Tras la embestida volvió sobre sus pasos. A la altura de la plaza del mercado, en su segunda pasada, empitonó a Irigoyen. "Doloroso II" volvió entonces hasta la puerta de los corrales. Los cabestros escoba intentaron llevárselo pero permaneció allí varios minutos. El encierro completo duró 8 minutos y sólo un toro llegó a la plaza con los cabestros quedándose sueltos todos los demás. El encierro terminó con 33 heridos. Una vez que "Doloroso II" reemprendió la marcha ejerció su apellido contra otros cuatro corredores en Estafeta. Recibieron atenciones de sus astas Francisco García, de Pontevedra, con 18 años, Mikel Zabalza y Félix González, de Pamplona, con 18 y 23 años y también Ian Gordon de Nueva Zelanda. Este es el encierro más peligroso que ha habido para muchos corredores. 

Contra lo que se pueda pensar, no siempre sucede que los toros peligrosos en el encierro lo sean también en la corrida. El caso más claro fue, en 1995, el del torrestrella "Castellano". Por la mañana atropelló al norteamericano Mathew Peter Tassio, por la tarde protagonizó una soberbia actuación en la plaza, lo que le valió recibir el Trofeo Carriquiri al mejor toro de la feria.

Al margen de los que con sus cornadas de muerte pasaron a la posteridad ("Castillero", "Silletero", "Navarrico", "Palmello" o "Reprochado" son algunos de sus nombres), otros toros también quisieron su papel protagonista por otras causas. En 1986, por ejemplo, en el último encierro de las fiestas, cinco toros de Miura compusieron la carrera de más peso de las últimas décadas. "Espejito", "Hojuelo", "Soltero", "Damero" y "Diamantero" se habían deshecho, previamente, de su sexto compañero de camada en el desencajonamiento, al que alguno de ellos corneó en una pelea. En el encierro destacaron por su volumen. Todos sobrepasaban los 600 kilos de peso, algo muy poco frecuente. A pesar de la aparatosidad de sus hechuras, el encierro se saldó sin cornadas.

Quien sí fue autor de una de las cornadas más espeluznantes de la historia del encierro fue "Entrometido", de Guardiola Fantoni. Se produjo en el segundo encierro de 1991 y la sufrió el joven sueco Torly Urban, empitonado mientras trataba de encaramarse al vallado. Estuvo colgado del asta durante más de diez interminables segundos, sufriendo numerosos desgarros en músculos y venas y dejando unas imágenes escalofriantes. Ese mismo día, la noruega Anne Karlin Ruan resultó la primera mujer corneeada dentro del recorrido del encierro.

Otro toro que hizo vivir momentos de angustia fue "Portentoso" (Santiago Domecq), el 9 de julio de 2002. El animal tardó más de doce minutos en llegar al ruedo y por el camino protagonizó toda una sucesión de caídas, embestidas, tropiezos, carreras en sentido contrario y momentos de pánico generalizado. Finalmente, el encierro se saldó con cinco corneados (Howard Marshan, Justin Brandon, Jorge Guillao Milá, Francisco Javier Álvarez Ochoa de Olza y James Brandao) y varios heridos por contusiones más, buena parte de ellos provocados por él.

Unos años antes, el 9 de julio de 1997, otro toro estuvo a punto de causar una carnicería en el callejón. Era "Roedor" (María Luisa Domínguez). Quedó rezagado en Estafeta y fue conducido con dificultades a lo largo del recorrido. Antes de entrar en la plaza se dio la vuelta ante el estupor de los corredores que le seguían. Avanzó hacia el grupo pero, milagrosamente, no causó heridos. Volvió a repetir la escena posteriormente, aunque con más peligro pues la puerta de salida a la calle ya estaba cerrada. Se vivieron momentos de inquietud, en un lugar oscuro y fuera de la visión del público de la plaza. Finalmente, "Roedor" fue conducido a los corrales, dejando tras de sí un balance de un único herido por asta (Dereck White)  y, eso sí, mucho miedo.

Otros toros quisieron ir más allá de los límites del encierro y sus hazañas se produjeron fuera del recorrido. A finales del siglo XIX, en 1898, cuenta Joaquín Martínez Ubeda en sus memorias que los toros escaparon del Soto de Esquíroz, desde donde se iniciaba el recorrido del encierrillo. Comandados por un toro de nombre "Cayundo", provocaron, durante varios días, numerosas situaciones de peligro por los alrededores de Pamplona, aunque no llegaron a causar heridos. Al año siguiente se estrenarían los corralillos del gas.

Más trágica resultó la escapada de "Liebrero" el 8 de julio de 1939. En plena bajada al callejón, el toro fue citado por un espectador, el morlaco embistió contra el vallado y consiguió romperlo. Durante unos instantes se vivieron momentos de pánico, pues el toro se encontró libre y los espectadores que seguían el encierro se vieron indefensos. El toro embistió a una mujer, a la que causó diversas heridas. Finalmente, "Liebrero" acabó siendo abatido por los disparos de la autoridad. Como consecuencia de este suceso, se colocaría el doble vallado.

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