Ana Villanueva se inició a mediados de los 80 en la fotografía del encierro motivada por su interés por el arte, el riesgo y la fiesta, además de por una especial atracción al encierro heredada de un padre corredor. En aquellos comienzos, dónde los fotógrafos del encierro no llegaban al medio centenar y casi en su totalidad eran hombres, los policías no le pedían su credencial para estar en el vallado, directamente le solicitaban que lo desalojara, y se sorprendían al comprobar que una mujer tan joven ejerciera ya dicha profesión y en primera línea. Con el paso de los años, Ana se ha convertido en una habitual del encierro.
Sus tramos preferidos son Mercaderes y el callejón de la plaza de toros, allí, donde las luces son más cálidas o donde la velocidad se reduce y los toros posan -para quienes saben, claro-. Ana ha conseguido impactantes fotografías, además de tremendas cogidas, como en 2009, cuando el toro empitonó a Peio Torreblanca en el callejón o en 2004, cuando un Jandilla asestó 5 cornadas a Julen Madina.
Su estilo entre la información, lo humanista y lo plástico queda de manifiesto en sus motivos demostrando gran habilidad en la composición. Y es que en el encierro, generalmente, hay que elegir entre el arte o la información aunque algunos, como Ana, demuestran que se pueden combinar ambas opciones. A pesar de ser escasos los segundos de que se dispone para la acción al paso de las reses, Ana es una de las profesionales de la fotografía del encierro que al recogerlo, parece que hasta la manada va más despacio.