El traslado de los toros dos siglos atrás, sin camiones, sin las vías de hoy en día, se realizaba por caminos y cañadas al trote y a caballo. Los toros eran conducidos desde las ganaderías por el campo y por eso principalmente se escogían de procedencia cercana. El encierro existía, pero con otro nombre "La entrada". Y consistía en eso, en una entrada de los toros hasta la plaza por diversas calles de la ciudad. No participaban mozos y era una labor con mucha complejidad que realizaban sólo los pastores y en la que no participaban practicamente mozos.
Pamplona fue creciendo y la procedencia de los toros alejándose y la situación cada vez se tornaba más compleja. En 1856 el recorrido del encierro quedó bautizado y determinado casi como lo conocemos ahora. Unos años más tarde, desde 1899, por seguridad y otras circunstancias se habilitaron unos corrales en una fábrica de gas abandonada y los toros fueron acercados hasta allí en primera instancia para luego enviarlos a la plaza.
El espacio que separaba esos corrales de los de la cuesta de Santo Domingo pasó a realizarse de noche y el día anterior y por fuerza dio origen al encierrillo. Un encierro pequeño, discreto, sin corredores y en silencio, ingredientes casi contrarios al encierro de las ocho de la mañana.