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© Archivo de Fernando Hualde. 1911, portal de la Rotxapea.

Historia del encierrillo

El traslado de los toros dos siglos atrás, sin camiones, sin las vías de hoy en día, se realizaba por caminos y cañadas al trote y a caballo. Los toros eran conducidos desde las ganaderías por el campo y por eso principalmente se escogían de procedencia cercana. El encierro existía, pero con otro nombre "La entrada". Y consistía en eso, en una entrada de los toros hasta la plaza por diversas calles de la ciudad. No participaban mozos y era una labor con mucha complejidad que realizaban sólo los pastores y en la que no participaban practicamente mozos.  

Pamplona fue creciendo y la procedencia de los toros alejándose y la situación cada vez se tornaba más compleja. En 1856 el recorrido del encierro quedó bautizado y determinado casi como lo conocemos ahora. Unos años más tarde, desde 1899, por seguridad y otras circunstancias se habilitaron unos corrales en una fábrica de gas abandonada y los toros fueron acercados hasta allí en primera instancia para luego enviarlos a la plaza.

El espacio que separaba esos corrales de los de la cuesta de Santo Domingo pasó a realizarse de noche y el día anterior y por fuerza dio origen al encierrillo. Un encierro pequeño, discreto, sin corredores y en silencio, ingredientes casi contrarios al encierro de las ocho de la mañana.

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