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© Mikel Lasa

  • Participar de la fiesta con artilugios está permitido e incluso valorado

    Participar de la fiesta con artilugios está permitido e incluso valorado

  • Disfrazarse en Sanfermin es muy habitual

    Disfrazarse en Sanfermin es muy habitual

Bien visto

Una cosa que se puede hacer, por ejemplo, es ponerse pelma. La gente también se pone graciosa, pero a menudo muy pelma. Sanfermin es el momento ideal para entrarle a cualquiera sin ningún reparo y colocarle las chapas que nadie te aguanta en casa: con la excusa de lo gracioso, cuela.

Sanfermin y la mierda

Otra cosa que se puede hacer tranquilamente es guarrear a más y mejor: nadie te hará ascos porque vayas hecho un cerdo y podrás entrar tranquilamente a todas partes: es parte de la gracia sanferminera.

Por eso mismo, también se puede manchar al prójimo: generalmente nadie se mosquea porque el de al lado le manche; pero con esto entramos ya en terreno delicado: depende del cuándo y el cómo: en los grandes mogollones (Txupinazo, Riau-riau), te tiran agua desde los balcones, te ponen de champán y de otras cosas hasta arriba, y no digamos en la corrida. En los bares también es normal que te caiga encima de todo toda la noche, y nadie se mosquea. Ahora bien, por ejemplo, echarle a alguien encima una pinta de cerveza por la puta cara o porque te da mucha risa, es ya más discutible: puedes volver a casa con cara de boxeador.

Sanfermin y los golpes

También se puede empujar al prójimo, aunque sea como una bestia: de eso va gran parte de la fiesta. Pero también en esto hay una línea invisible que no se puede pasar: si vas por los sitios hecho un fiemo tirándote encima de todos y sin mirar por dónde pisas, porque tú eres así de casta y de sanferminero, también puedes acabar con un par de hostias bien merecidas.

Por lo demás, Sanfermin es una fiesta muy de voceras: todo lo que sea vozarronear, berrear, montar el numerito, dormir en la calle, rebozarte en mierda etc, está bien visto, con tal que no joda al prójimo a mala hostia y sin gracia. Sobre todo sin gracia. Si tiene gracia, en realidad, vale casi todo.

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