En la plaza del Castillo suele haber una verbena muy concurrida, pero
depende del año. A eso de las nueve de la noche, la música tradicional
de la tierra, los txistus y las gaitas, hacen moverse al numeroso
público que año tras año se junta en la plaza del castillo. Al final de
la verbena suele bailarse el tradicional baile de la Era. Los guiris
también hacen sus pinitos.
El local sanferminero más nombrado de la plaza es el Gazteluleku, sociedad gatronómica que por fiestas es de entrada libre: está en el nº 15 de la plaza, cerca del Txoko, en un primer piso. Tienen un sorbete de limón con champán buenísimo, que viene de perillas para aliviar un poco el calor de estas fechas y refrescar las resecas gargantas, resentidas de tanto gritar y cantar. Conviene andarse con "cuidado" porque entra como si fuera agua. El local se encuentra fácil: la cola para subir suele llegar hasta la calle.
El ambiente en la Plaza del Castillo es como una extensión del de Jarauta, aunque algo distinto: los de casa, pero en algo más edad y bastante menos guarro. Está abarrotado, lo que no le impide a la gente bailar, que es a lo que se viene aquí. La música es variada: rock atronador, valses, folklore vasco, flamencadas, horteradas, lo que caiga.
Los bares de la plaza: Casino Eslava, Baviera, Gure Etxea, el emblemático Café Iruña, Sevilla... combinan un ambiente de terrazas desde primeras horas de la mañana, con la juerga total por las noches. El Subsuelo es una especie de disco-pub frecuentado por gente más joven.
Arriba de Estafeta y en los alrededores (Duque de Ahumada, Espoz y Mina) hay otro grupo de bares: La Granja, el Fitero, el Monasterio, el Gaucho, el Niza. Están muy concurridos a la hora del vermú, y a la salida de la corrida, pero funcionan también toda la noche. En el Niza dan bocatas y a veces cenas (no todos los años). El bar es muy grande y con un poco de suerte te puedes sentar para comer. Es el típico bar al que la gente va a ver el encierro por la tele, a pesar de que el encierro transcurre a poco más de cinco metros de allí. Lógicamente, algunas personas pasan de pegarse varias horas sentadas en la valla del encierro a la espera de que lleguen las 8 de la mañana y prefieren arrimarse, si es que pillan sitio, a este bar a comerse unos churros o bollos con chocolate para templar un poco el cuerpo.