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Un amigo nuestro murió en septiembre. Yo digo nuestro porque, aunque tenía amigos por todo el mundo, él era uno de los nuestros. Pamplona, vuestra ciudad, la que también consideraba un poquito suya, es un lugar maravilloso. Así lo sintió, y así nos unimos todos a él, con él, y con ésta ciudad que nos ha dado tanto. Él era, y siempre será, Arthur Burton, un hombre inglés. Sí, un extranjero, un guiri, como yo. Pero como tantos guiris se enamoró no solo de la Fiesta, San Fermín, sino de un lugar, de una ciudad y de su gente. La gente de Pamplona tienen algo bonito, algo impecable. Captó su esencia, y Pamplona cambió su vida, como la de tantos de nosotros en un sentido que excede a la lógica e incluso a la razón. Pero así sucede con lo verdaderamente importante.
Pamplona puede cambiar la vida, y lo hace. Ocasionalmente la tragedia ocurre, como volvimos a recordar este año cuando nuestra querida tradición segó una vida que recién comenzaba. Pero para tantos de nosotros, cada año nos da una inyección vital, nos recuerda cuál es la esencia de la vida a pesar de la muerte. Arthur Burton estaba casado con María Paz de Errazquin, una de los vuestros. Se conocieron en 1961 en la embajada de Argentina en Londres y , tras conseguir su número de teléfono, la llamó siete meses más tarde. Una cosa llevó a la otra y ella se convirtió en María Burton en 1970. Él se dedicaba a obtener patrocinadores y financiación en el mundo de los deportes de motor, y así recorrieron el planeta asistiendo a competiciones de Fórmula 1 y 2, motos y carreras acuáticas.
Aunque siempre se perdieron el Gran Premio de Inglaterra, porque éste tenía lugar cuando ellos estaban aquí por San Fermín. Él amaba todo sobre vuestro país. Fue invitado a Pamplona por primera vez por el tío de María, en 1962. Llegó a la ciudad con 19 años, y el buen hombre le dijo: "Bienvenido a la Fiesta, nos vemos el día 15 de julio". Como tantos de nosotros hemos hecho, Arthur se enamoró de la ciudad, de su fiesta y de su gente. Solamente una vez faltó a los Sanfermines, y eso fue en 2006, cuando le diagnosticaron el cáncer que finalmente se lo llevó.
Para María él siempre fue "Teddy", y para él ella era "Ángel" o "Pazita". Estuvo el último año por San Fermín, creo que para decir adiós a los lugares y a las gentes que tanto quería. Fue muy valiente, como lo fue María, quien estuvo a su lado no sólo como la mujer que le quería, sino también como su más leal amiga. Cuando los conocí me parecieron una pareja perfecta. Un equipo. Este año María volverá, pero sin Arthur. Pero su espíritu estará con ella, en vuestra ciudad, y no veremos a María sin imaginar a Arthur a su lado. Cuando yo empecé este articulo era poco antes el 31 de diciembre del año pasado, una fecha para algunos de nosotros extranjeros el último día de lo que llamamos La escalera -la triste cuenta atrás de agosto a diciembre-. Pero ahora hemos pasado el uno de enero y el dos de febrero, y pronto será el tres de marzo, y así subiremos los peldaños del calendario hasta que la Fiesta venga sobre nosotros de nuevo. Con esa nota mas alegre, y con la llegada de primavera, cuando salgáis con vuestra familia y amigos estos días, me gustaría que hicierais un brindis por Arthur, y por aquellos que conocéis que no pueden volver por las fiestas este año. Gente nueva llegará para los próximos Sanfermines, pero nadie remplazará a Arthur.
Adiós, Arthur. Ya falta menos. ¡Viva SanFermín!
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