Te sientas en el vallado para coger sitio para el encierro. Aún faltan
más de dos
horas, pero el cachi de kalimotxo y la guiri con la que
has conseguido perderte te dan
fuerzas para seguir encaramado, por
más que proteste y no deje de menearse tu culo
todo el rato. Por
cierto, el concejal delegado del vallado del encierro debería meter mano
y
exigir a los carpinteros que el tablón superior vaya acolchado. Si,
como es de esperar,
no hace ni caso, es como para escribir al Diario.
El
caso es que, aun con todo, y con el cuidado que tienes que tener para
no
perder el sitio o como fruta hecha compota acabar escurriéndote al
suelo -aquí y ahora,
más puto que nunca-, aguantas hasta que el sol
alumbra la curva de telefónica y tu cara,
con la impronta de grandes
expectativas en ciernes en ella estampada.
En esas estas cuando, como
si estuviese poniendo en práctica contigo sus peores
artes algún
Jalamandruki cabrón, va y aparece. ¿Quién?, quien va a ser, el tontolaba
ese,
dirás más tarde. No te da tiempo ni a pensar tierra trágame -de
todas formas aquí
andarías jodido para encontrar tierra, por debajo
todo es muralla romana-.Cuanto me
alegro de verte, gracias por
guardarme el sitio. ¿Esta tía está contigo? a ver si la
presentas...,
y el dicharachero recién llegado se te aposenta, sin respetar ni un
palmo de
narices de separación, al lado.
En menos de un cuarto de
hora conseguirá cargarse todo el hechizo de la luna
pasada y el que
esperabas se materializase por la mañana. Yo mucho cansada-ir a la
cama-adiós,
balbuceará la guiri antes de hacer humo. Ni un beso de despedida, sólo
un
amago de sonrisa forzada, y el advenedizo cenizo escupiéndote a la
oreja: mejor, que se
vaya, así tendremos más sitio ¿cuanto falta?,
pasa el kalimotxo, que parece que te lo
han regalado para ti solo...Y
tus ojos desorbitados también se tienen que joder.
Ya venía
hablando, o hablándose solo, qué más te da, cuando ha llegado. De
entrada
ha reñido con el de al lado, hasta que le ha chuleado medio sitio no ha
parado.
El otro medio te lo ha arrebatado con su trasero por la puta
cara, con grave perjuicio
para tu culo. Y no ha parado de aburrir,
incordiar, vuvuzelear como un gorrín, meterse
con los munipas que
andaban separando el grano de las almas en desbanda: No os
gastéis
malos modos que os están grabando..., por más que se le diga que no es
el sitio
ni el momento y que se puede llevar una ostia o acabar en el
retén de la policía
municipal -ya podía, piensas, y es lo único que
de él te podría hacer ya puta gracia-.