Ya llegó la lluvia, ya llegó la fruta, y el que no se agache...Ya voy con mi organigrama de primeros auxilios a imagen y semejanza de la planicie de mi encefalograma, cuando le da por no saber, ni mucho menos contestar, si primero es imprescindible intentar pensar.
El caso es que las aguas amarilladas, sin desaparecer, han cedido el protagonismo a las que en fiestas nadie quiere ni ver. Nunca lloverá a gusto de quienes para lavar nos hacemos con la escasez y, para beber, podemos prescindir, sin remordimiento ni preocupación alguna, de la insipida, inodora y del color del cristal, y del pedo, con que se mira.
Lo más alarmante -aunque sin exagerar- de tanto chaparrón, para mi, es el esfuerzo de los mayorales y sus ayudantes para proteger a los corneadores de las gotas que caen. Hacer el encierrillo con esos paraguones o, en precario, con las sombrillas del Txoko, protegiendo a la cornupetada manada, es el no va más de lo encomiable.
Propongo que a los gigantes los llamen gigantales, y sean ellos quienes se encarguen de estos menesteres. Por su tamaño están más dotados, y es que, ya les vale con no pegar ni golpe el resto del año. Aunque, para que no me cojan ojeriza, diré que prefiero que escampe un rato y puedan seguir rumiándola.
Joxepe Gil - www.pamplona07.com