Lo que ha nacido como una búsqueda ha acabado como una entrevista. Ya casi son las 12 y no encuentro mi pañuelo. Es rojo y me estoy volviendo loco por toda la casa.
- ¿Pañuelo?
- ¿Es a mí?
- No, tú eres el de mocos. Estoy buscando al rojo, al de Sanfermin. ¿Lo has visto?
- Uff, hace unas noches andaba de juerga por el salón a las tantas, con unas kleenex.
- ¿Y qué hacía?
- Pues imagínate, dándose el moco de que era el pañuelo de Sanfermín, intentando ligar.
- ¿Y ligó?
- No sé, no llegué a ver más, pero con las kleenex ya sabes... si ligó, seguro que fue usar y tirar.
- Vale, gracias por la información, pero voy a seguir buscando. ¿Pañuelo?
- ¿Es a mí?
- No. Tú eres el del Olentzero.
- ¡Menos mal! Me había quedado a cuadros.
- ¿Has visto al de Sanfermín?
- Sí, estaba detrás de la puerta esa ayer. Estaba de resaca y tenía el punto llorón, así que tuve que hacer de paño de lágrimas.
- Gracias, voy a ver. ¿Pañuelo?
- Aquí estoy.
- Venga tío, que son casi las 12.
- Pero es que no me encuentro muy bien.
- ¿Si te pongo alrededor de mi cuello te sentirás mejor?
- Si prometes hacerlo hasta el 14 por lo menos.
- Prometido. ¿Vamos?
- Venga, vamos. ¡Se me está haciendo un nudo...!
Damas y caballeros: ¡Que ustedes lo disfruten! ¡Gora San Fermín!