San Fermín es un santo muy especial porque durante las fiestas acuden a pedirle favores o pedirle protección en el encierro tanto devotos fieles como otros que no creen en nada. Desde el siglo XIV existía una capilla dedicada a San Fermín. Era gótica y de reducidas dimensiones. En el siglo XVII, el ayuntamiento, muchos ciudadanos de Pamplona y otros de otras partes de Navarra y américa se involucraron en costear económicamente la construcción de un templo nuevo (el que ahora conocemos). Por ello, la gente de Pamplona y de Navarra consideran al Santo y su capilla como una cosa casi suya y así se ha transmitido de generación en generación.
La capilla de San Fermín está construida junto a la parroquia de San Lorenzo, al final de la calle mayor de Pamplona. Para acceder a la capilla hay que entrar por la puerta de la parroquia o por la calle San Francisco donde hay acceso a los dos templos.
La capilla de San Fermín se comenzó a construir en 1696 y se terminó de construir en 1717. El siete de julio de ese mismo año se inauguró. El arquitecto original es Santiago Raón, y su proyecto fue continuado por Juan de Alegría y Martín de Zaldúa manteniendo el estilo barroco del proyecto original. Una de las anécdotas más importantes sobre la capilla es que en el siglo XVIII, a resultas de varios pleitos entre el Ayuntamiento de Pamplona y la Obrería de San Lorenzo, se planteó la posibilidad de construir un nuevo templo en el lugar que actualmente ocupa el Paseo Sarasate. En el Archivo Municipal de Pamplona se guardan planos y bocetos de esta obra que nunca llegó a realizarse y que firma Juan Lorenzo Catalán.
En cuanto a lo que sí ocurrió de verdad en la capilla de San Fermín es que en 1800 se realizaron reparaciones urgentes a cargo de Santos Ochandategui que le dieron el actual aspecto neoclásico y de las que se hizo cargo el Ayuntamiento de Pamplona. En 1823 la linterna de la cúpula de la capilla tuvo que se reconstruida tras la demolición e incendio tras el bombardeo de Pamplona por parte de los "Cien mil hijos de San Luis".
San Fermín está abrigado dentro de la capilla en un altar específico. El original tenía 17 metros de altura pero fue sustituido por otro en 1819. Las esculturas y relieves que podemos ver ahora son de Anselmo Casanova con proyecto de Pedro Onofre. Las vidrieras son obra de Mayer y están realizadas en Londres.
Fuente: textos de Juan José Martinena en varias publicaciones y conferencia de José Luis Molins, archivero municipal, en el ciclo "SAN FERMÍN: CULTO, FIESTA Y ARQUITECTURA" de la Universidad de Navarra.