Grandes fotórgrafos reconocidos en el mundo entero han fracasado en sus visitas a Pamplona en Sanfermin o les ha costado más de lo que esperaban obtener el resutado previsto. Y es que el encierro de Pamplona es un reto para la fotografía. Principalmente por tres factores. El primero, la técnica. El encierro exige del fotógrafo la suficiente capacidad técnica para sobreponerse a una condiciones de luz exigentes y una velocidad del encierro por lo general alta. Hay planos sin luz, como Estafeta, y planos en contraluz, como Mercaderes y Telefónica o el inicio de Santo Domingo.
El segundo factor de complicación para la fotografía es el azar. Un encierro es imprevisible y los momentos de peligro e informativos varían en función de tantos factores que nunca ocurren en el mismo sitio. Es por ello que las agencias y medios de comunicación saltean el recorrido de fotógrafos para cubrir el mayor tramo posible y aún así, como en 2009, con 200 fotógrafos en 800 metros, sólo uno obtuvo la fotografía de la cornada.
El tercer factor de dificultad para un fotógrafo en el encierro de Sanfermin es el conocimiento del encierro. Conocer la carrera y sus visicitudes permite prever al artista movimientos y situaciones que luego se reflejan en la calidad de la instantánea. Por ello, artistas veteranos consiguen principalmente las mejores imágenes al prever y los movimientos de los astados.