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14 julio
1997 - Nº 437

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FERIA DE SAN FERMÍN

Los toros del telele

  • El encierro menos multitudinario

El sobrero, que correspondía a Ponce, se desplomó
y tuvieron que levantarlo los peones (Efe).

Pilar / Ponce, Barrera, Rivera


Toros de El Pilar (uno devuelto por inválido), bien presentados, varios sospechosos de pitones, flojos y varios inválidos, de casta borrega. 1º, sobrero de Manuel Ángel Millares, bien de presencia, descoordinado e inválido total. Enrique Ponce: bajonazo escandaloso (silencio); estocada corta atravesada trasera baja - aviso - y dobla el toro (ovación y tambiém algunos pitos cuando sale al tercio). Vicente Barrera: media trasera ladeada, rueda vertiginosa e insistente de peones, descabellos - aviso - y dos descabellos (silencio); pinchazo bajísimo, estocada corta tirando la muleta - aviso - y se echa el toro (silencio). Rivera Ordóñez: dos pinchazos - primer aviso -, tres pinchazos más, ruedas de peones en distintos terrenos, media, rueda de peones - segundo aviso - y cuatro descabellos (pitos); espadazo infamante en los bajos (protestas). Plaza de Pamplona, 14 de julio (tarde). 9ª y última corrida de feria. Lleno.


JOAQUÍN VIDAL , Pamplona
Al sobrero le dio el telele y al toro que sustituyó le había dado también. Ambos abrieron plaza. Iba en turno Enrique Ponce y al toro que valió (pero que no valía un duro) hubo de despacharlo sin dar ni un pase. Lo hizo endilgándole un bajonazo escandaloso. Esa especie de agresión tabernaria se la perpetró asimismo al cuarto. No fue Ponce el peor matarife de la tarde, sin embargo. Le superó Rivera Ordóñez, que de una cuchillada en los blandos bajeros dejó al pobre sexto toro convertido en bicarbonato.

Y los llaman figuras; vivir para ver.

A estas dos figuras y a la tercera en discordia, que era Vicente Barrera, las sacaron para su goce y lucimiento el toro del telele. Últimamente salen muchos toros con telele. Ya no hay feria en la que no aparezca de repente un toro que se pone a trastabillar, a pegar bandazos, a caminar lateral, a caerse y levantarse compulsivamente, hasta que le da el soponcio.

Los taurinos y algunos presuntos expertos en tauromaquia aseguran que esto sucede porque los toros han perdido casta. Ahora bien: ¿Qué tienen que ver las caídas con la casta? ¿Qué relación guarda con la casta que un toro salte a la arena -cualquiera de los de esta infumable corrida vale de ejemplo- y a las pocas galopadas hocique, o se derrumbe, o se venza de atrás y así quede como si se estuviera dando unas aguas en el bidé? ¿Cuál es la influencia de la casta para que un toro se desplome de súbito? ¿Quién ha conseguido descubrir el nexo casta-telele?

La literatura científica, la sesuda oratoria y la procelosa casuística inspiradas en el encierro sanferminero componen un arsenal de paradojas, contradicciones y dislates con los que se pretende construir una teoría sobre la caída de los toros que es puro surrealismo. Cuando los toros de los sanfermines no se caían, decían que era gracias al encierro, pues equivale a una gimnasia funcional y les libera del estrés (un toro con estrés, tiene gracia: igual que los ejecutivos). Ahora que se caen, dicen que es por culpa del encierro, pues les cansa y le estresa tanto mozo alborotón metido de por medio.

El día en que se descubra la verdadera causa de la caída de los toros, el estrés y el telele les va a dar a más de uno.

Con eso que llaman toros, las figuras reseñadas hacían que toreaban. Enrique Ponce empleando en el cuarto borrego de la tarde su pulcritud, ventajismo y monotonía habituales; Vicente Barrera ensayando el toreo vertical, con resultados aleatorios; Rivera Ordóñez, sin ideas ni recursos, deslavazado y torpón, temeroso y tosco, hasta perder los papeles.

Enrique Ponce tiraba con cierta finura los muletazos pero no los ligaba. Si los hubiese ligado... Vicente Barrera instrumentó una buena tanda de derechazos a su primero, y luego ya se puso de costadillo ahogando las embestidas, según moda obsoleta que impusieron ciertos toreros tremendistas en un tramo de los años 50. Si hubiera seguido como al principio...

En el toreo moderno todo son condicionales: si hubiera ligado los pases..., si cargara la suerte..., si toreara de frente, si no apuntara a la riñonada..., si no se cayeran los toros..., si no les diera el telele... Los taurinos los utilizan mucho. Hay un aficionado de Las Ventas que ha convertido un condicional en regla de oro para acabar con el problema más grave de la fiesta. Y dice que si le dejaran vigilar los corrales provisto de una garrota, no se volvía a caer un solo toro de aquí a la consumación de los siglos.

Pura utopía, evidentemente. Y los toros se siguen cayendo. Incluso en la famosa feria de San Fermín, que acabó ayer con fracaso, escándalo y oprobio. Pobre de mí.

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