FERIA DE SAN
FERMÍN 'Miuras'
de puerta grande
Miura / Fundi, Bote, García
Cinco toros de Eduardo Miura,
bien presentados aunque varios sospechosos de afeitado;
5º y 6º bravos; dieron juego. 3º de Manuel Ángel
Millares, con trapío, inválido, pastueño. Fundi:
estocada (petición y vuelta); estocada trasera y rueda
de peones (oreja). José Luis Bote: dos pinchazos
y bajonazo descarado (silencio); tres pinchazos y
bajonazo infamante (silencio). Juan Carlos García:
estocada ladeada que asoma (oreja); estocada y rueda de
peones (oreja); salió por la puerta grande. Un minuto de
silencio en memoria de Miguel Ángel Blanco. Plaza
de Pamplona, 13 de julio. 7ª corrida de San Fermín.
Lleno.
Fundi lancea de capa al miura
que abrió plaza (L. Azanza). |
JOAQUÍN VIDAL , Pamplona
Hubo miuras de puerta grande y salió Juan Carlos
García por ella. Fundi de poco lo consigue también. Lo
que le ocurrió a Fundi fue que el presidente le denegó
una oreja, nadie sabe la razón.
Miuras de puerta grande... Se
les llega a decir eso a los viejos maestros de la
tauromaquia y no se lo creen. Los tiempos cambian mucho,
es evidente. En esta feria toros de ganaderías llamadas
comerciales se fueron al desolladero con las orejas
puestas. En cambio a los miuras les cortaron dos,
que con la fallida hacen tres.
A veces es cuestión de toreros, de
presidentes, de que haya suerte y de que ese día a la
gente la dé por el triunfalismo. En esta corrida tocaba
y la dio.
Más vale caer en gracia que ser
gracioso, se suele decir. Y Juan Carlos García cayó en
gracia. Él se lo buscó, por supuesto; pero no
precisamente a la ortodoxa manera.
Al tercer toro, que no era Miura sino
un pastueño inválido de Manuel Ángel Millares, García
le instrumentó derechazos y naturales con largura y
templanza, apostura y sabor. Sólo que, al rematarlos, ya
estaba corriendo. No ligar, se llama esa figura; en
castizo, no aguantar ni una avispa merodeando lo del día
de la boda.
Todo con un toro de por medio tiene
peligro -hasta salir a recoger del suelo una banderilla-
mas donde se acentúa es en el momento de la ligazón.
Cuando el toro ya ha perdido la guía del engaño y
vuelve, esperarle para empalmar el siguiente muletazo y
ganar el terreno comprometido que se pisa cargando la
suerte, le supone al torero jugarse a esa sola carta el
triunfo apoteósico o la cornada. No hay otra
alternativa.
El toreo moderno -que practicó con
aplicación Juan Carlos García- ha suprimido ese tiempo
y ese riesgo, sustituyéndolo por una carrerita para
evitar el compromiso y una cesión de terrenos al toro
que, en realidad, constituyen una huida vergonzante.
Utilizando tales artificios toreó Juan Carlos García al
Millares, y de nuevo al bravo Miura que hizo sexto,
aunque ya con menos largura, templanza, apostura y sabor.
Lo compensó con la espada. Al Miura lo mató de una
estocada arriba; al Millares, de un sablazo que asomaba
lateral por cerca de los ijares.
Las orejas estaban baratas ayer en
Pamplona. En cambio a Fundi se las pusieron caras y eso
que se embraguetaba en las verónicas -ninguno lo hizo ni
de casualidad-, que banderilleó valiente, que no corría
al rematar los pases pues los ligaba con sabor torero y
sapiencial reciedumbre. A los miuras, si señor.
Entre los miuras de puerta
grande hubo dos peores y le correspondieron a José Luis
Bote: uno inválido que se quedaba en la suerte, otro que
acabó desarrollando sentido. Cierto que Bote no les dio
lidia buena, ni aportó recursos, ni manejó con decoro
la espada, pero de alguna manera le justifica la mala
fortuna.
Demasiados agravios comparativos se
venían produciendo: a unos los solomillos, a otro la
cordilla; a uno el rigor cicatero, a otro la generosidad
triunfalista. Más vale caer en gracia...
Tras el paseíllo se guardó un minuto
de silencio en memoria de Miguel Ángel Blanco. Dejémolo
en menos: 15 segundos y gracias. Porque unos reventadores
de sol se pusieron a vocear politiquerías
extemporáneas, a perpetrar gamberradas, a pegar
rebuznos, ante la general indignación. La verdad es que
hicieron el más espantoso de los ridículos. Parecían
lilas, los pobres. O a lo mejor seguían las consignas de
algún julo. Quizá ambas cosas a la vez.
La plaza de Pamplona cumple 75 años
J. V. , Pamplona
La actual plaza de toros de Pamplona ha cumplido 75
años. Se inauguró el 7 de julio de 1922 y el primer
toro que salió por sus chiqueros, de la ganadería de
Vicente Martínez, lo lidió Saleri II. Alternaron con
él Marcial Lalanda y Juan Luis de la Rosa, que escuchó
grandes broncas.
Los representantes de la Casa
Misericordia, institución benéfica pamplonesa que
construyó la plaza y organiza los festejos de San
Fermín, estudia construir una nueva plaza en
sustitución de la actual, que tiene deficiencias
técnicas, y a pesar de ser una de las de mayor aforo de
España, con más de 19.000 localidades, se ha quedado
pequeña para la demanda que suscitan las corridas de los
sanfermines.
La vieja plaza de Pamplona estaba donde
hoy se encuentra el teatro Gayarre y necesidades
urbanísticas exigían derribarla. La última feria que
se celebró en ella fue la de 1921 y se emprendió
inmediatamente la construcción del nuevo coso -que se
terminó en el plazo de un año- en una zona cercana,
pues condicionaba su ubicación el recorrido de los
tradicionales encierros.
Diseñó la plaza que acaba de cumplir
sus bodas de diamante el arquitecto donostiarra Francisco
Urcola, autor asimismo de la plaza de toros de San
Sebastián, conocida como El Chofre y de la
Monumental de Sevilla, que se construyó en 1918 a
iniciativa de José Gómez Gallito, llamado
Joselito, siguiendo sus criterios sobre el orden de la
lidia y dependencias auxiliares. Estos criterios se
utilizaron en el diseño de la madrileña plaza de Las
Ventas. La Monumental sevillana duró muy poco y El
Chofre también ha desaparecido. El año 1967 el coso
pamplonés, que contaba con 12.200 localidades, fue
ampliado con un graderío capaz para el aforo con que
ahora cuenta y posteriormente se instaló una cubierta
que abarca a todo el graderío alto.
Los responsables de la Casa de
Misericordia estudian la viabilidad de un nuevo coso. Se
baraja la posibilidad de incrementar su rendimiento con
locales comerciales en sus bajos e instalar una cubierta
que impediría las suspensiones de festejos por lluvia,
aunque probablemente causaría un efecto negativo de
resonancia y de temperatura, dado el fenomenal estruendo
con que transcurren habitualmente las corridas
sanfermineras, que se celebran en julio.
Guía de Festivales de Verano de World Media Live.
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