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1997 - Nº 435

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Los 'sanfermines' se unen al dolor

JOAQUÍN VIDAL , Pamplona
La corrida de ayer en Pamplona se suspendió por acuerdo del presidente del Parlamento navarro y del delegado del Gobierno, en señal de dolor y protesta por el criminal atentado que sufrió Miguel Ángel Blanco. La decisión se dio a conocer minutos antes de la hora fijada para el comienzo del festejo, seis y media de la tarde. El Ayuntamiento acordó también suspender todos los actos festivos programados hasta las nueve de la mañana de hoy, incluido el encierro de los toros que pertenecen a la legendaria ganadería de Miura. Las autoridades decidirán hoy si se suspenden, total o parcialmente, las fiestas.


Cientos de personas expresaron ayer su dolor
atando sus pañuelos a la puerta del Ayuntamiento
(Efe).

Pese a que ya se conocía a las cinco de la tarde la noticia de la aparición de Miguel Ángel Blanco con dos tiros en la cabeza, las peñas llegaron a plaza con su acompañamiento de música y ocuparon sus localidades en los tendidos de sol mientras las respectivas bandas tocaban todas a la vez con el habitual estruendo.

El resto del público permanecía expectante y preocupado, y se oían comentarios desaprobatorios de la actitud que adoptaban algunas peñas de los tendidos de sol, contrarios a los sentimientos de dolor y de condena que había producido la criminal acción de ETA.

Al aparecer en los paneles electrónicos de la plaza el comunicado de suspensión de la corrida por orden de la autoridad, la mayoría de los presentes lo recibió con una gran ovación, en tanto una minoría de mozos manifestaba ruidosamente su protesta y arrojaba almohadillas al ruedo.

Confusión

Hubo cierta confusión durante algunos instantes, en los que los de una y otra actitud se cruzaban palabras duras, hasta que los insistentes aplausos ahogaron las protestas y la mayoría del público prorrumpió en gritos de «¡asesinos!« contra la banda ETA.

Durante un cierto tiempo únicamente se oía en el coso el rumor de las conversaciones pero paulatinamente algunas bandas hicieron sonar sus bombos e incluso su trompetería con piezas populares sanfermineras, lo que provocó la repulsa de los espectadores.

Los presidentes de las peñas se reunieron durante unos 10 minutos en el patio de caballos, acordaron que los mozos abandonaran la plaza ordenadamente y anunciaron que harían una declaración conjunta a últimas horas de la noche. Esta decisión se comunicó por la megafonía de la plaza de toros y los mozos de las peñas, que la escucharon en absoluto silencio, la cumplieron en todos sus términos. Sólo uno de ellos exibió una pequeña pancarta, en la que se leía «Amnistía», lo que provocó airadas muestras de repulsa.

Únicamente hay un precedente de suspensión de las fiestas pamplonesas de San Fermín. Ocurrió el año 1978 como consecuencia de los graves incidentes y alteraciones del orden público, por razones políticas, en el curso de los cuales murió de un tiro el pamplonés Germán Rodríguez. En aquella ocasión se declaró un día de huelga general en Pamplona y la suspensión de los sanfermines.

La masa provoca más miedo que los toros

ÓSCAR SANZ , Pamplona
«Pero, ¿por dónde van a pasar los toros?». La visión de la calle Estafeta provocaba una indisimulada estupefacción a quienes se agolpaban en sus balcones. Y provocaba, sobre todo, miedo. Si allí no cabían más mozos, difícilmente podían caber seis toros de 600 kilos. El fin de semana llevó a Pamplona a miles de visitantes, muchos de los cuales decidieron correr el encierro. La policía estima que entre 1.500 y 2.000 mozos participan en cada carrera. «En la de hoy», comentaba un agente, «probablemente haya unos 500 más».

Quince minutos antes del inicio de la carrera el empuje de la multitud rompió la primera barrera de protección policial. Esa barrera suele deshacerse cuando se enciende la mecha del primer cohete. Ayer no dio tiempo a que llegara ese momento. La policía se las vio y deseó para conseguir que los corredores retrocedieran. Explotó el cohete de salida y los de Astolfi, ganadería que se estrenaba en los Sanfermines, comenzaron su galope. Desde el primer instante fueron los toros quienes comandaron la manada, sin hacer caso a los cabestros. Una declaración de independencia que multiplicó el peligro. Los servicios médicos tuvieron que atender a decenas de contusionados, de los que sólo cinco necesitaron visitar el hospital. Uno de ellos, el norteamericano Joly Joe Harper, de 32 años, fue intervenido quirúrgicamente de una fractura en la extremidad distal del radio, provocada por la caída de un toro rezagado que le aplastó.

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Guía de Festivales de Verano de World Media Live.

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