Son unos
personajes de lo más curioso, llegan unos días
antes de que empiecen las fiestas, en grupos casi
siempre y acompañados de sus perros, y nada más
llegar ya están dando la brasa con la dichosa
frasecita de "dos duritos". Se
atrincheran en zonas concretas de la ciudad: los
jardines de la Plaza del Castillo, las calles
Calderería y Navarrería, los yerbines de las
murallas de Pamplona, la calle Chapitela
Se
suelen pasar todos los sanfermines tirados por
ahí, tocando la flauta algunos de ellos y
pidiendo dinero para poder beber y comer.
Generalmente son gente joven, aunque también se
ve algún que otro pasado de edad, y a juzgar por
las pintas que llevan, van dando tumbos de ciudad
en ciudad.
Hace pocos años, uno de los
espectáculos mañaneros más atractivo para
algunas personas era ver como los trabajadores
que limpiaban las calles de la ciudad,
descargaban los chorros de agua de las mangueras
sobre la gente que se encontraba tirada en los
yerbines de la Plaza del Castillo. Previamente la
Policía Municipal solía pasar e iba
avisándoles de lo que se les venía encima, pero
como la mayoría de ellos estaban durmiendo la
mona no se enteraban de nada hasta que ya era
demasiado tarde y acababan totalmente calados.
Suele vérseles también
después de las corridas de toros, entrando a la
Plaza, cual aves de rapiña, a pillar todos los
restos de comida y bebida que suelen dejar los
mozos de las peñas. Por lo que cuentan, se
dedican a mezclar todos los brebajes en botellas
y luego los venden en la calle a gente tirada que
anda por ahí. ¡Un espectáculo de lo más
surrealista!. En los últimos años además ha
habido jaleo porque, al parecer, además de
vender esos potajes entre la gente de la calle,
se los han vendido también a algunos críos que
no pueden comprar alcohol en tiendas.
Son gente que no se sabe muy
bien de donde llegan, ya que como todos llevan
las mismas pintas, no se distingue si vienen de
algún barrio marginal de alguna ciudad del
estado, o son los típicos trotamundos que viajan
de un país a otro.
Aunque buena parte de la gente
de Pamplona no los soporta, porque los ven como
unos parásitos indeseables que poco o nada
aportan a la fiesta, la verdad es que de algún
modo (nadie sabe como) forman parte de la fiesta,
no faltan ningún año a la cita.
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